Las Cruzadas

Las Cruzadas fueron las expediciones militares emprendidas entre los siglos XI y XIII, por los cristianos de Occidente con el apoyo del Papa, para expulsar a los invasores musulmanes del Santo Sepulcro y del reino de Jerusalen, los cuales habían sido invadido y tomado por los árabes islámicos tres siglos antes, y recuperarlos para la cristiandad. El nombre "Cruzada" viene de la pequeña cruz de tela roja que los expedicionarios usaban sobre el hombre derecho.

A principios del siglo XI, los turcos seljúcidas, de religión musulmana, en una segunda ola invasora islámica, avanzaron sobre el Turkestán y luego de vencer a los bizantinos, dominaron el Asia Menor. En el año 1076 entraron en Jerusalén, donde cometieron contra los cristianos y judíos toda clase de crueldades y violencias. Al poco tiempo ocuparon Palestina y Siria, para establecer su capital en Nicea, cerca de Constantinopla. Ante la amenaza que representaban las hordas invasoras, el emperador bizantino Alejo Comneno se dirigió al Papa Urbano II y solicitó la ayuda de los cristianos de Occidente, para luchar contra el enemigo común. En el año 1095, el Pontífice convocó a un Concilio en Clermont, Francia, y expuso ante numerosos obispos y abades, como también fieles, la necesidad de emplear todos los esfuerzos necesarios para combatir el peligro de los turcos musulmanes.

Se consideran ocho Cruzadas que se efectuaron entre los años 1095 y 1270. Las dos primeras despertaron enorme interés y los expedicionarios debieron marchar hacia Oriente por tierra, por cuanto no había embarcaciones para transportar a tantos miles de personas. En las Cruzadas posteriores decayó el entusiasmo popular y las integraron contingentes de aristócratas y guerreros profesionales, quienes eligieron la ruta marítima. Las dos últimas, la séptima y la octava, las organizó la corona francesa.

Causas de las Cruzadas

1) De orden religioso: expresaron el sentimiento cristiano de la época y la necesidad de proteger la civilización occidental. Además, el Pontífice consideró propicia la ocasión para lograr la unidad católica y terminar con el Cisma de Oriente, que desde 1053 separaba la Iglesia griega de la latina.

2) De orden militar, social y económico: los caballeros vieron una oportunidad para satisfacer sus impulsos guerreros y el ansia de aventuras, mientras los siervos y vasallos vislumbraron el modo de liberarse del poder señorial. Por su parte los comerciantes buscaron nuevos mercados en las ricas tierras orientales.

Primera Cruzada (1096-1099)

En la Primera Cruzada se destacan la Cruzada Popular y la Cruzada Oficial o Señorial. La primera fue organizada a través de la prédica de un monje de Amiens llamado Pedro el Ermitaño, que recorrió los caminos de Francia, y con su elocuencia excitó la Fe y el entusiasmo del pueblo, refiriendo las penurias de los cristianos en Tierra Santa. Movidos por la impaciencia, los peregrinos se anticiparon a la fecha convenida para la cruzada oficial, y en la primavera del año 1096, a las órdenes del Ermitaño y de un humilde caballero llamado Gualterio sin Hacienda, iniciaron la marcha camino de Oriente. Despues de sufrir toda clase de penurias, atravesaron el Bósforo, y al pisar el Asia Menor fueron exterminados por los turcos. Pero el Pedro el Ermitaño y unos pocos lograron salvar la vida.

La Cruzada Oficial, que sobrepasa el medio millón de hombres, estaba formada por cristianos de diferentes regiones: franceses, normandos, provenzales y lombardos. Llevaba a su frente jefes tan importantes como Godofredo de Bullón, duque de Lorena; los condes Raimundo de Tolosa, Esteban de Chartres y Roberto de Flandes. Como legado pontificio iba el obispo Adhemar de Monteuil. Divididos en cuatros ejércitos, partieron en agosto de 1096 y por distintas rutas se dirigieron a Constantinopla, donde arribaron a principios del año siguiente. Desde allí, se dirigieron a Jerusalen, controlada por los musulmanes a quienes atacaron durante cuarenta días, logrando ocupar la ciudad. Los jefes de la expedición fundaron el reino de Jerusalén, cuya corona se ofrecio a Godofredo de Bullón. Sin embargo éste declinó el título y aceptó se defensor y barón del Santo Sepulcro.

Segunda Cruzada (1147-1149)

Segunda Cruzada, convocada por el Papa Eugenio III, contó con el liderazgo de varios reyes europeos por primera vez, entre los que destacaron Luis VII de Francia y el emperador Conrado III, y con la ayuda de numerosos nobles. Los ejércitos de ambos reyes marcharon por separado a través de Europa y en cierto modo fueron retardados por el emperador bizantino Manuel I Comneno. Después de cruzar el territorio bizantino, ya en Anatolia, ambos ejércitos fueron derrotados, por separado, por los turcos selyúcidas. Luis, Conrado y los restos de sus ejércitos llegaron a Jerusalén y en 1148 participaron en un desacertado ataque sobre Damasco. La cruzada en oriente fue un fracaso para los cruzados y una gran victoria para los musulmanes. En último término, dicho fracaso conduciría al sitio y caída de Jerusalén en 1187 y a la convocatoria de la Tercera Cruzada a finales del siglo XII. El único éxito se produjo fuera del Mediterráneo en la península Ibérica, en dónde los cruzados ingleses, escoceses, flamencos, frisones, normandos y algunos alemanes, en su ruta marítima hacia Tierra Santa, se detuvieron en las costas portuguesas y ayudaron a la toma de Lisboa, Almería y Tarragona en 1147.

Tercera Cruzada (1187-1192)

La Tercera Cruzada fue convocada por el Papa Clemente III. Los cruzados partieron a las órdenes de los monarcas más poderosos de aquellos tiempos, el emperador de Alemania, Federico Barbarroja y los reyes de Francia e Inglaterra, Felipe Augusto y Ricardo Corazón de León, respectivamente. Barbarroja partió primero y por ruta terrestre, pero se ahogó al intentar cruzar el río Saleph a nado. Los dos restantes jefes lograron tomar la ciudad de San Juan de Acre, pero Felipe Augusto, enemistado con el monarca inglés, regresó a Francia. Ricardo Corazón de León, luego de intensa lucha logró tamar Jerusalén derrotando al sultan Saladino, sin embargo, al enterarse de una conspiración en Inglaterra, decidió regresar a su país.

Rodolfo I Habsburgo

Rodolfo I de Habsburgo (1218-1291) fue el primer monarca de la dinastía de los Habsburgos que reinó en Alemania, desde 1273 hasta su muerte en 1291, finalizando el período de caos, conocido como Gran Interregno, que se desató en Alemania luego de la muerte del último emperador de la dinastía Hohenstaufen, Federico II. Rodolfo I también fue conde de Habsburgo. Nació en el castillo de Limburg en Baden, Alemania, el 1 de mayo de 1218.

En el año 1273, para poner fin a la anarquía imperante, el Papa Gregorio X nombró a Rodolfo, conde de Habsburgo, rey de Alemania y de los Romanos. Sin embargo, para afirmar su autoridad monárquica, Rodolfo I debió enfrentar en el campo de batalla a otro pretendiente al trono, Ottokar II de Bohemia. No obstante, Rodolfo logró derrotarlo en la batalla de Marchfeld en 1278 con la ayuda del rey Ladislao IV de Hungría, obligándole a entregarle Austria que unió a sus dominios junto a parte de Suabia que había adquirido.

Gibelinos y Guelfos

Los gibelinos constituyeron una facción política-militar que desde el siglo XII apoyó en Alemania a la familia dinástica de los Hohenstaufen de la casa de Suabia. Los gibelinos se opusieron a los güelfos, quienes primero apoyaron a Lotario de la casa de Sajonia en la elección de un nuevo emperador y luego al Papa en la lucha de éste contra el Emperador Federico I Barbarroja por el control del norte de Italia. Su contexto histórico era el conflicto secular entre el Pontificado, que pasaría a estar apoyado por los güelfos, y el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, apoyado por los gibelinos, esto es, los dos poderes universales que se disputaban el Dominium Mundi (dominio universal). Los gibelinos se oponían al poder del Pontífice afirmando la supremacía de la institución imperial.

Cuando murió Enrique V en 1125 no dejó herederos, por lo tanto, los güelfos presentaron al trono de Alemania a Lotario, duque de Sajonia y protegido del Pontífice, mientras que los gibelinos propusieron a Conrado, duque de Suabia, perteneciente a la dinastía Hohenstaufen, al cual el papa Honorio II no dudó en excomulgar. Lotario fue electo en 1135, sin embargo murió en 1137, y los gibelinos lograron esta vez imponer a Conrado III, quien era tió del Federico I, Barbarroja, quien a su vez lo sucedería en 1152.

De esta manera, con la elección a rey de Alemania de Federico I Hohenstaufen en 1152 y su posterior coronación en 1155, la facción gibelina triunfó en el territorio imperial. Dado que Federico deseaba reafirmar en Italia la supremacía imperial que las comunidades habían sustraído al imperio con el apoyo del papado, bajo su reinado (1152–1190) se verificó un desplazamiento de los términos güelfo y gibelino desde la zona alemana a la italiana, donde pasaron a denominar respectivamente a los partidarios del partido papal y a los defensores de la causa imperial. En Italia, por lo tanto, hubo ciudades como Florencia, Milán y Mantua que abrazaron la causa güelfa, mientras que otras como Forlí, Pisa, Siena y Lucca se unieron a la causa imperial.

Gran Interregno

En la historia de Alemania se conoce como Gran Interregno a la época de anarquía y decadencia que siguió a la muerte de Federico II, quien fue el último emperador de la dinastía Hohenstaufen. Tuvo lugar entre los años 1250 y 1273. A este período se lo llamó Gran Interregno porque marcó un intermedio entre el poder de dos grandes dinastías: la de los Hohenstaufen y la de los Habsburgo.

Cuando Federico II, nieto de Federico I Barbarroja, murió en 1250, comenzó una etapa de conflictos internos en el Sacro Imperio Romano Germánico. Durante este período de 23 años los señores y ciudades se gobernaron por su cuenta y no reconocieron otra autoridad que no fuera la propia. El Imperio se dividió en dos bandos: los Güelfos y Gibelinos. Para intentar poner orden al caos reinante, se procedió a nombrar a un nuevo emperador; los Güelfos eligieron a Ricardo de Cornualles y los Gibelinos a Alfonso X de Castilla. Este último no acudió a Alemania y no pudo ser coronado emperador por falta de recursos y apoyo de sus señores.

El candidato de los Güelfos, Ricardo de Cornualles fue coronado en Aquisgrán. Sin embargo, Ricardo de Cornualles murió en 1272 y se eligió a Rodolfo de Habsburgo, quien ascendió al trono como Rodolfo I. El nuevo emperador logró poner orden a la anarquia, culminando con él el Gran Interregno.

Federico I Barbarroja

Federico I Barbarroja fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico desde 1152 hasta 1190. Perteneciente a la Casa de Suabia, sucedió a su tío Conrado III (1137-1152). Federico I fue el representante más destacado de la dinastía de los Hohenstaufen. Inteligente y ambicioso, procuró devolver a la dignidad imperial su antiguo poderío y esplendor. El principal objetivo de su política, desarrollada durante su largo reinado, fue ampliar y confirmar su dominación en el norte de Italia, donde muchas ciudades habían logrado una casi total independencia a raíz de las libertades otorgadas por los emperadores anteriores de la Casa de Franconia.

Para acabar con esta situación, que ponía en peligro la unidad italiana y con ella la del Sacro Imperio, Federico I se dirigió a la península y reunió a los feudatarios italianos en la dieta de Roncaglia en 1158. Allí les recordó sus obligaciones y proclamó su derecho de administrar justicia e imponer tributos. Además, nombró en cada ciudad un delegado imperial llamado podestá (alcalde). Sin embargo, esta política no tardó en ser resistida por las prósperas ciudades italianas acostumbradas a gobernarse por sí mismas. De esta manera, Milan se puso al frente de la insurrección y expulsó a los delegados imperiales. Entonces, Federico I volvió a la península y ordenó el saqueo y el incendio de la ciudad en 1162.

A partir de ese momento, el Papa Alejandro III se puso al frente de la rebelión y apoyó a las ciudades que se unieron a la Liga Lombarda. Con esto renació la lucha entre el Pontificado y el Imperio y creó, tanto en Italia como en Alemania, dos bandos que representaban otras tantas tendencias. Los güelfos se agrupaban alrededor del Papa y rechazaron la intromisión imperial en las libertades italianas. Los gibelinos, por el contrario, se mostraban partidarios del Emperador y de su política.

A fin de aplastar la insurrección, Federico I Barbarroja cruzó por quinta vez los Alpes y se dirigió a Italia, pero fue derrotado en Legnano en 1178 por los ejércitos de la Liga Lombarda. Debido a ello, en 1183, la paz fue ratificada en Constanza. Allí el Emperador se reconcilió con el Papa, reconoció la independencia de los Estados Pontificios y devolvió a las ciudades italianas sus antiguas libertades.

Federico I Barbarroja tomó parte en la Tercera Cruzada contra los Turcos musulmanes. En esas circunstancias, y cuando ya había atravezado el Tauro en su marcha hacia Jerusalén, pereció ahogado en las aguas del río Cidno en 1190. Le sucedió su hijo Enrique VI, quien gobernó hasta 1197.

Los Hohenstaufen

Los Hohenstaufen fueron una dinastía de emperadores de la Casa de Suabia que gobernó el Sacro Imperio Romano Germánico entre los años 1137 y 1250. El primer representante de la familia Hohenstaufen en el trono del Sacro Imperio fue Conrado III, quien había sido elegido luego de la muerte de Lotario III (1125-1137) de la Casa de Sajonia. Pero el emperador más importante de esta dinastía fue Federico I Barbarroja, quien murió durante la Tercera Cruzada.

Antecedentes

A la muerte de Enrique V, último representante de la Casa de Franconia, los electores había elevado al trono a Lotario III, duque de Sajonia, mientras que los señores apoyaban a Conrado, duque de Suabia, perteneciente a la familia Hohenstaufen. De este modo había quedado determinados dos partidos que representaban a otras tantas familias: los guelfos, con Lotario a la cabeza, y los gibelinos, bando al que pertenecían los Hohenstaufen. Luego de la muerte de Lotario III en 1137 se disputaron el trono los dos partidos y los gibelinos consiguieron imponer a su candidato Conrado III.

Emperadores y reyes de la dinastía Hohenstaufen

Conrado III (1137–1152)
Federico I Barbarroja (1155–1190)
Enrique VI (1191–1197)
Felipe de Suabia (1198–1208)
Federico II (1212–1250)




Casa de Franconia (Enrique IV)

La Casa de Franconia fue una familia ducal del ducado de Franconia que reinó en Alemania en dos ocasiones, en una de ellas también en el trono del Sacro Imperio Romano Germánico. Sus primeros representantes fueron Conrado I y Conrado II. El primero sólo ocupó el trono como rey de la Germania (Alemania) desde 911 al 918, mientras el segundo reinó como rey de Germania y Emperador del Sacro Imperio entre los años 1027 y 1039. El hijo y sucesor de Conrado II fue Enrique III, quien gobernó entre 1039 y 1056. Sin embargo, los representantes más destacados de esta dinastía fueron Enrique IV y Enrique V.

Conrado I de la Casa de Franconia fue el primer rey de la Germania elegido por los electores de los cincos grandes ducados que componían la Germania (Sajonia, Suabia, Franconia, Baviera y Lorena). Este sistema de elección de los reyes alemanes fue impuesto a la muerte de Luis el Niño, quien había sido el último descendiente de Carlomagno. A Conrado I le sucedió Otón I de la Casa de Sajonia, quien fue el primer Emperador del Sacro Imperio, coronado en 962 por el Papa Juan XII. Sin embargo la Casa de Franconia retornó al trono cuando los electores de los diferentes ducados coronaron a Conrado II, quien ciñó la corona de rey de Germania y la de Emperador. Durante el reinado de Conrado II, el Sacro Imperio llegó a su máximo apogeo. Sus límites abarcaron los grandes ducados que incluían Alemania, Borgoña, y la parte norte de Italia. Además Polonia, Hungría y Bohemia quedaron sometidos.

Enrique IV y la humillación de Canosa

Enrique IV sucedió a su padre Enrique III en el año 1056. Subió al trono siendo niño y durante su minoría de edad, el gobierno estuvo en manos de un regente. En esa época había sido elegido Papa Gregorio VII (1073-1085), el que asumió el mando de la Iglesia dispuesto a desterrar los vicios y a emanciparla de los poderes laicos. Sus reformas comenzaron antes que Enrique IV alcanzara la mayoría de edad. Sin embargo, cuando éste tomó el mando, desconoció las medidas tomadas por el Pontífice y siguió atribuyendose el derecho de elegir los obispos y otorgar las dignidades.

Este choque entre el Papado y el Imperio se conoce como la Querella de las Investiduras. La actitud del Emperador, que continuó con las designaciones, provocó las protestas del Pontífice. Entonces, en 1076, Enrique IV convocó en Asamblea a los obispos alemanes que le eran adictos y declaró indigno a Gregorio VII, diciendo "ya no es Papa sino falso monje". Esto tuvo graves concecuencias, pues el Papa le contestó excomulgándolo, al mismo tiempo que lo deponía en su dignidad imperial y liberaba a los señores germanos de todo juramento y compromiso con el Emperador.

La medida del Pontífice tuvo los frutos esperados, ya que Enrique IV perdió la obediencia de sus vasallos y éstos le dieron un año de plazo para que se reonciliara con el Papa y obtuviera la absolución. La situación del Emperador se volvió dramática. No sólo debía afrontar la desobediencia de los señores Alemanes, sino también la sublevación de los sajones. Por su parte el Papa había fortalecido su poder temporal al firmar un pacto de alianza con el rey normando de las Dos Sicilias.

Obligado por las circunstancias, Enrique IV se declaró arrepentido y dispuesto a cumplir cualquier penitencia. Al mismo tiempo se invitó al Papa para que concurriera a la dieta de Ausburgo, donde se solucionaría la controversia. Pero el Emperador quiso asegurarse el perdón y adelantándose a la entrevista, cruzó los Alpes en pleno invierno, en enero de 1077, y se presentó ante las puertas del castillo de Canosa donde se hospedaba Gregorio VII.

Vestido como un peregrino y con los pies descalzos, Enrique IV solicitó la absolución pero el Pontífice pareció desoir sus ruegos. Así tuvo tres días, al términos de los cuales, Gregorio VII, aconsejado por sus allegados, consintió en perdonarle y le retiró la excomunión.

Sin embargo, el astuto Emperador sólo quiso ganar tiempo. Cuando regresó a Germania reunió a sus adictos y prosiguió con los abusos. Entonces, sus vasallos decidieron destituirlo y entregaron el mando a Rodolfo de Suabia. Enrique IV, que contaba con más fuerzas, logró vencer a su rival y exigió al Pontífice su reconocimiento, al mismo tiempo que renovaba sus pretenciones de otorgar las investiduras eclesiásticas. Ante esa conducta, el Papa volvió a excomulgarlo en 1080 y reconoció a Rodolfo de Suabia. Entonces Enrique reunió a los obispos que le eran fieles y en el falso sínodo de Brizen depuso a Gregorio VII y eligió al anti-papa Clemente III. Luego marchó contra Roma y la ocupó en 1084. Gregorio VII se refugió en el Castillo de Sant'Angelo y luego pasó a Salerno donde murió al año siguiente. Enrique IV fue depuesto por su hijo Enrique V en 1105, falleciendo en el año 1106.

Batalla de Lechfeld (955)

La batalla de Lechfeld fue una batalla librada en el año 955 entre el ejército de Otón I, rey de Germania, y los magiares (húngaros), comandados por harka Bulcsú. Ambos bandos desplegaron sus fuerzas en una llanura ubicada cerca del río Lech, al noroeste de la actual Augsburgo. La batalla de Lechfeld terminó con una aplastante victoria del ejército germano de Otón I. Este enfrentamiento militar significó el fin de las incursiones húngaras en la Europa Central.

Para hacer frente la invasión de los magiares, Otón había logrado reunir un ejército de ocho mil hombres. Las tropas imperiales estaban divididas en ocho divisiones de caballería pesada, de unos mil hombres cada una, con la siguiente composición "nacional": tres de Baviera, dos de Suabia, una de Franconia, cuyos hombres habían sido recientemente derrotados por las tropas sajonas del emperador, y una de Bohemia bajo el mando del príncipe Boleslav. La octava división, comandada por el propio emperador Otón I el Grande y levemente más grande que las otras, incluía a sajones, turingios y a la guardia personal del rey.

En un movimiento evidente de bloqueo de la ruta de escape de los magiares, Otón cruzó el río Lech por el norte de Augsburgo, forzando el levantamiento del sitío que estaban practicando los magiares, que, al verse copados, iniciaron el regreso a sus bases de Panonia hacia el sur, por la orilla izquierda (occidental) del río, mientras el ejército imperial lo hacía por la orilla derecha (oriental) para ponerse entre la horda y Hungría. La batalla se inició cuando los húngaros cruzaron el río.

Otón I (Alemania)

Otón I el Grande (912 – 973) fue rey de Germania entre 936 y 973, sucediendo en el trono a su padre, de la Casa de Sajonia, Enrique I el Pajarero en el año 936. Otón I también fue el primer emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, siendo coronado en Roma por el Papa Juan XII en el año 962. Nació en Wallhausen, Alemania, el 23 de noviembre de 912.

La política exterior de Otón I se dirigió inicialmente a la península Itálica, donde sostuvo los derechos de Adelaida de Italia frente al rey Berengario II de Ivrea. Tras entrar victorioso en Pavía, en 951 se hizo proclamar —siguiendo de nuevo la tradición carolingia— rey de los francos y los lombardos, para casarse a continuación con Adelaida. Ante esto, Berengario cedió y aceptó rendirle vasallaje, por lo que fue reconocido como rey de Italia.

En el año 955, Otón I obtuvo un importante triunfo al derrotar en la batalla de Lechfeld a los magiares (húngaros) en la frontera este de sus territorios, con lo que alejó el peligro que este pueblo representaba para los territorios orientales de su reino. En 961, atendió la petición de ayuda del papa Juan XII y marchó a Italia para defender los derechos del pontífice frente a las intromisiones de Berengario. Fue coronado emperador el 2 de febrero del 962. La alianza con el Papa duró poco, ya que éste pronto cambió sus ideas políticas. Otón marchó entonces sobre Roma y lo depuso, pero los romanos no cedieron ni aceptaron al nuevo Papa, León VIII, impuesto por el emperador, y a la muerte de Juan XII eligieron a Benedicto V. Tras una nueva campaña en 966, Otón consiguió por fin consolidarse y lograr que su hijo fuese nombrado emperador por el Papa.


Sacro Imperio Romano Germánico

El Sacro Imperio Romano Germánico fue la entidad política europea que sucedió al Imperio Carolingio (de Carlomagno). También conocido como el Primer Reich en Alemania, comenzó en el año 962 con la coronación de Otón por el Papa Juan XII. Desde aquel año, el Sacro Imperio Romano Germánico se mantuvo como la entidad predominante en la Europa central durante casi un milenio y hasta su disolución a principios del siglo XIX (1806) por Francisco II, quien fue el último emperador. El objetivo de Otón I como su primer emperador fue la unión de toda la cristiandad bajo la unidad de la autoridad esclesiástica y laica; el Papa serviría como Vicario de Cristo, encargándose de las cuestiones espirituales, y el emperador de los problemas terrenales. Si bien Otón I fue el primer emperador, la Casa de los Habsburgos fue la dinastía real más importante que tuvo desde el punto de vista político-militar, destacándose Carlos V, Emperador de Alemania, (Carlos I de España).

Antecedentes

El Tratado de Verdún había dividido el Imperio de Carlomagno en tres reinos: Lotaringia, Francia y la Germania, que les correspondió a los tres nieto de Carlomagno: Lotario I, Carlos el Calvo y Luis el Germánico respectivamente. A su vez, el reino de Germania sintió muy pronto los efectos del feudalismo y su territorio se fragmentó distribuido entre poderosos señores feudales. De esta manera, al finalizar el siglo IX, la Germania se hallaba dividida en cinco grandes ducados: al norte Sajonia, al sur Suabia y Baviera, al centro Franconia, y al oeste Lorena.

Como el último descendiente de Carlomagno, Luis el Niño, había fallecido en 911 sin dejar herederos, Germania se encontró a partir de esos momentos sin monarca legítimo. Es por ello que los duques de los cincos ducados implantaron el sistema electivo y entre ellos eligieron un rey, que fue Conrado, duque de Franconia, quien gobernó hasta el año 918. A su muerte llegó al poder la Casa de Sajonia, con el monarca Enrique I el Pajarero (919-936), quien trató de fortalecer la autoridad real frente a los señores feudales, creó en Germania un ejército regular y organizó la defensa de las fronteras para evitar futuras invasiones. A la muerte de Enrique, le sucedió su hijo Otón I el Grande (936-973), quien fue un manarca enérgico, inteligente y ambicioso. Dispuesto a consolidar la unidad del reino, impuso su autoridad sobre los grandes ducados, limitando el poder de los duqes y condes. También creó un feudalismo eclesiástico entregando tierras a la Iglesia para disminuir el poder de los señores.

Coronación de Otón I como Emperador del Sacro Imperio

En 961, el Papa Juan XII solicitó la ayuda de Otón, pues se hallaba amenazado por los lombardos. Éste cruzó los Alpes, conquistó el reino de Lombardía, adueñándose de la corona de hierro. Luego pasó a Roma donde hizo respetar la autoridad y los derechos del Pontífice. A cambio de ello, el 2 de febrero de 962, Juan XII lo consagró Emperador y le ciñó la corona de oro, símbolo de esa dignidad. De esta manera fue creado el Sacro Imperio Romano Germánico. Otón I confirmó las donaciones hechas a la Iglesia y prometió defenderla de sus enemigos, pero exigió que, en lo sucesivo, los Papas prestaran juramento de fidelidad al Emperador antes de ser consagrados como tales.

Germania se convirtió en el centro político y religioso de Europa occidental y quedó fuertemente ligada con Italia, puesto que la capital del Imperio fue Roma. Revestido de gran prestigio, Otón gobernó durante muchos años. En 973, no obstante el carácter electivo del trono, logró que el Papa consagrara Emperador a su hijo Otón II, el que reinó hasta 983. Este fue sucedido por Otón III y a su muerte en 1002 el trono fue ocupado por Enrique II, quien ciñó la corona hasta el año 1024 y fue el último emperador de la Casa de Sajonia.




Armas Vikingas

Las armas vikingas eran las herramientas marciales de los normandos, siendo las mismas similares a las armas utilizadas por otras tribus germánicas en la Edad Media. Estaban compuestas de armas ofensivas y armas defensivas. Entre las armas ofensivas vikingas figuraban la lanza, espada y hacha. De esta tres la lanza era la más usada; la misma estaba compuesta de una punta y un mango. La punta de la lanza vikinga era de acero, de forma triangular y alargada, de unos 20 cm de longitud. Esta hoja de acero estaba fijada a un mango de unos 2 m de largo. Era utilizada como un arma arrojadiza o de estocada. La lanza era el arma común de los hombres libres, es decir de los agricultores sin estatus social.

El diseño de la espada vikinga también era similar a las espadas utilizada por demás pueblos germánicos. Blandida o esgrimida en combinación con un escudo, estaba formada por una hoja de acero recta, de doble filo, de entre 70 y 80 cm de longitud, y una empuñadura, cubierta de madera o hueso, con guarda corta. La espada vikinga era por lo tanto un arma de corte y estocada. Estaba hecha de varias capas de acero carbonado trabajada en fragua por un armero o herrero experto. Como requería de mucha cantidad de este metal, era costosa para fabricarla, por lo tanto era un arma de los jefes y guerros ricos.


En un comienzo las hachas eran herramienta de trabajo utilizadas para cortar madera o árboles. Sin embargo, debido a su peso y masa, era un exelente arma para el combate cuerpo a cuerpo por su capacidad de destrucción. Un guerrero vikingo bien diestro podía cercenar la cabeza a su oponente, romper un escudo de madera o atravesar una malla metálica de protección. El hacha vikinga estaba compuesta de una cabeza de hoja ancha y pesada, de unos 2 kg de peso, unida a un mango que medía entre 90 cm y 1 m de largo. El hacha danesa y noruega fue una de las armas que más calaron en la historia del mundo medieval por el terror que los pueblos nórdicos provocaron a los reinos europeos en sus históricas incursiones y saqueos. Esta arma, grande y poderosa, fue en manos de una tropa de infantería, como la de los pueblos del norte de Europa, un arma formidable.

Las armas defensivas vikingas incluían el escudo, el casco y la cota de malla metálica. El escudo era redondo y estaba hecho de madera, y en ocaciones reforzado con cuero endurecido o una hoja de bronce en la parte externa. El casco era de hierro, redondo, en forma de cúpula u ojival, con protectores nasales y/o laterales para la cara, pero no tenían cuernos como a menudo se cree.




Sociedad Feudal

Durante la Edad Media la sociedad feudal estaba formada por tres clases sociales, completamente diferenciadas por sus ocupaciones y riquezas: la nobleza, el clero y los campesinos.

La nobleza estaba constituida por el conjunto de señores feudales quienes estaban ligados por vínculos de vasallaje. Como la principal riqueza era la tierra, el poder de cada señor era proporcional a la importancia y extensión de sus territorios. Esto determinó distintos grados de nobleza que se distinguieron por medio de títulos. Los más importantes eran los duques, marqueses, condes y vizcondes. Les seguían los barones, castellanos y caballeros.

El clero estaba formado por las personas que pertenecían a la iglesia. Como muchos de sus miembros eran nobles, sus principales dignatarios se convirtieron en señores feudales. De ahí que por lo menos un tercio de los señoríos fueron feudos eclesiásticos, a cargo de obispos y abades. Estos, sin embargo, solían ser a su vez vasallos de poderosos señores laicos, originándose de esta manera una confusa interferencia de poderes. En los feudos eclesiásticos, los vasallos recibieron mucho mejor trato que en los laicos. Es por ello que muchos colocaron sus propiedades bajo esa protección, lo que aumentó extraordinariamente el poder de la Iglesia.

La clase más numerosa en la sociedad feudal fue la de los campesinos, conocidos también como villanos, pues habitaban en pequeñas aldeas o villas. Entre los villanos podemos considerar dos grupos: el de los campesinos libres y el de los siervos.

1) Los campesinos libres: su vasallaje era voluntario y sus obligaciones y derechos estaban específicados en el contrato feudal; podían abandonar esas tierras y encomendarse a otro señor. Además no necesitaban autorización para contraer matrimonio ni para transmitir los bienes a sus hijos. No obstante estaban obligados a pagar tributos en especies y en trabajo. Este último se llamaba corvea y consistía en trabajar sin remuneración en tres días en la semana la tierra de su señor.

2) Los siervos: carecían en absoluto de libertad y sus deberes eran muy superiores a sus derechos. Los ciervos eran prácticamente esclavos de la gleba, pues no podían abandonar las tierras que trabajaban y el señor las vendía o alquilaba junto con ellos. Como no tenían contratos que regulaban las mutuas obligaciones, el señor les imponía las cargas que estimaba convenientes. El siervo debía solicitar permiso para contraer matrimonio. Sin embargo, una vez constituida la familia, el propietario no podía separarlo de su mujer ni de sus hijos, tampoco sacarle la casa ni el campo que trabajaba.

Contrato Feudal

En el contrato feudal se establecían los mutuos compromisos entre el señor y el vasallo. Este último estaba obligado a prestar servicio militar y debía acompañar a su señor en la guerra, dentro y fuera del territorio. Por el compromiso de fidelidad establecido implícita o explicitamente en el contrato feudal, el vasallo no podía luchar contra el señor feudal ni contra sus hijos. Además tenía que comparecer como asesor en el tribunal del señor a fin de ayudarle a resolver los casos difíciles. También el vasallo no podía desvalorizar el feudo ni perjudicarlo, y estaba obligado a participar del rescate del señor si éste era hecho prisionero. También pagar por el casamiento de la hija y para equipar al primogénito cuando era armado caballero.

Por su parte, el señor debía ofrecer a su vasallo protección y justicia. No podía atacarlo ni insultarlo, como tampoco perjudicar sus bienes. Si el vasallo moría, el señor feudal colocaba bajo su tutela a los hijos menores, protegía a la viuda y procuraba casar a las hijas. Si faltaba a estos deberes, cometía el delito de felonía. Sin embargo, los derechos del señor eran mayores, pues podía hacer totalmente suyas las tierras de su vasallo en caso de que ésta muriera sin herederos. El señor gozaba de muchos privilegios, pues administraba justicia, acuñaba su propia moneda y ejercía el monopolio del horno y el molino, donde los campesinos debían dejar una parte de sus productos o pagar un impuesto para poder usarlo.

Feudalismo

La división del Imperio Carolingio y las nuevas invasiones favorecieron el advenimiento de un nuevo régimen político y social llamado feudalismo, el cual predominó en Europa desde los albores del siglo X hasta el XV (final de la Edad Media). El poder del Estado, que antes había pertenecido exclusivamente al rey, en el feudalismo se distribuyó entre los señores feudales, nobles ricos con extensión de tierra, una fortaleza y capaz de organizar sus propios ejércitos. Era comun en el sistema feudal que muchos de ellos tuvieran más poder que el propio monarca.

La falta de buenas vías de comunicación y la inexistencia de ejércitos permanentes impidieron a los reyes defender con eficacia las fronteras de sus Estados. Entonces, los ricos propietarios asumieron por cuenta propia la protección de sus intereses, para lo cual organizaron sus fuerzas militares y construyeron fortificaciones o castillos, donde podían albergarse junto con sus servidores (siervos) y rebaños. Todo esto contribuyó a debilitar aun más la autoridad del rey, al mismo tiempo que aumentaba el poder de los señores locales.

Los campesinos y los pequeños propietarios, incapaces de organizar sus defensas, se agruparon alrededor de los castillos y solicitaron el amparo de los castellanos. Estos otorgaban dicha protección, pero les exigían la entrega de sus tierras, la prestación de ayuda militar y el acatamiento de su poder. En recompensas por estos servicios, los señores les brindaban protección militar y les permitían vivir en sus tierras, las cuales dejaban de ser sus propiedades, sino feudos, es decir, sujetas a las condiciones establecidas en el contrato feudal. El que permitía vivir y trabajar las tierras que originalmente no eran de él se llamaba señor feudal, y el que habitaba y/o trabajaba estas tierras en las cercanías del castillo era un vasallo, o un servidor o siervo.

Batalla de Fontenoy (841)

La batalla de Fontenoy fue librada en el año 841 entre las fuerzas combinada de Carlos el Calvo y Luis el Germánico y el ejército de Lotario, en Fontenoy, este de Francia. El resultado de la batalla fue una victoria de las fuerzas de los hermanos Carlos y Luis sobre su hermano mayor Lotario, quienes se disputaban encarnizadamente por el trono del Imperio Carolingio, que había quedado vacante a la muerte de su padre e hijo de Carlomagno, Ludovico Pío. A pesar del resultado del enfrentamiento armado en Fontenoy, las hostilidades continuaron hasta 843, cuando se firmó el Tratado de Verdún, por el cual los tres hermanos acordaron repartirse el Imperio Carolingio, dividiendolo de esta manera en tres reinos diferentes, que serían las semillas de los futuros paises de Francia (de los territorios al oeste obtenido por Carlos el Calvo); Alemania (las tierras al este que le tocó a Luis el Germánico); y de Holanda, Bélgica, Luxemburgo e Italia (que fueron los territorios centrales otorgados a Lotario por este tratado).

Resumen de la batalla

En la batalla de Fontenoy, los dos ejércitos se enfrentaron el 25 de junio del 841. Carlos el Calvo y Luis habían establecido su campamento en Thury, sobre una colina cerca de Roichat. Lotario, quien contaba con el apoyo de Pepino de Aquitania, comenzó el ataque con una previa lluvia de saetas sobre la fuerza contrincante, consiguiendo una ventaja inicial. Al principio las tropas de Carlos retrocedieron, perdiendo terreno. Sin embargo, la llegada de Guerin y una unidad de caballería de Porvenzales reforzó las unidades de Luis, quien inició un ataque feroz en apoyo de Carlos. Luego de una encarnizada lucha, las fuerzas de Lotario retrocedieron y rompieron filas huyendo, mientras que las tropas de Pipino huyeron para evitar ser rodeadas y aniquiladas.


Comisiones o comités de seguridad industrial y la prevención de accidentes

Comisiones o comités de seguridad industrial y la prevención de accidentes

Las comisiones de seguridad e higiene industrial tienen una utilidad ampliamente reconocida desde hace bastante tiempo. Gran parte de los miembros de estas provienen por lo general del personal de planta que trabaja en la empresa. Los nombramientos tienen la característica de ser temporales, de tal manera que existe rotación entre todos los trabajadores de la empresa, esto con el fin de que todos puedan participar activamente en las mismas.

Los grupos conformados hacen inspecciones a las instalaciones, evalúan las sugerencias de salud y seguridad ocupacional, analizan las causas de los accidentes y realizan recomendaciones.

La conformación de dichas comisiones o comités de seguridad e higiene industrial en las condiciones expuestas, hacen su trabajo en la mayoría de los casos altamente fructífera. Por lo general, el personal operativo de planta, conoce bastante más sobre procesos y máquinas que el gerente de seguridad e higiene industrial, pues se encuentra cotidianamente con estas. Es en ese contexto, que el personal operativo se encuentra en posición de ofrecer ideas prácticas y valiosas, si el personal asesor está dispuesto a escuchar.



Normandos (Vikingos)

Los vikingos, o normandos, eran pueblos paganos de raza germánica que habitaban Dinamarca y la península escandinava. Comprendían tres tribus principales: daneses, noruegos y suecos. La mayor parte de los normandos vivían del mar, lo cual desarrolló sus hábitos piratescos y casi toda su expansión se hizo a través del litoral europeo y remontando los ríos del continente. Los barcos se agrupaban en flotillas y estaban al mando de jefes llamados "vikings", que significa reyes del mar. Su naves eran pequeñas y veloces, carecían de puente y dificilmente sobrepasaban los treinta metros de largo. Los vikingos no participaron en las grandes invasiones de los siglos V y VI, pero a principios del siglo IX, obligados por el aumento de la población y la aridez de sus tierras, se lanzaron sobre el mundo occidental, primeros en fugaces correrías, luego estableciendose en los territorios.

Los normandos eran altos, blancos, rubios, ojos azules o grises. Eran extremadamente audaces y valerosos guerreros, hábiles con la espada y el hacha de guerra; también usaban lanzas. Entre sus armas defensivas figuraban el escudo (redondo) y el yelmo vikingo, que era de hierro, redondeado como una cúpula y con protectores para la nariz; no tenía cuernos como comunmente se cree. Luchaban en tierra con tanta eficacia como lo hacían en el mar. Desembarcaban sorpresivamente y, luego de apoderarse de los caballos, se entregaban al saqueo para luego desaparecer.

Los primeros objetivos de los ataques normandos fueron las costas de las islas Británicas, y, al finalizar el siglo IX se habían apoderado de la mayor parte de esos territorios, desplazando a los pictos en el norte, y a los sajones en la costa oriental de Inglaterra. Francia soportó casi dos siglos los ataques vikingos. Las principales ciudades fueron saqueadas, e incluso Paris conoció el asedio. A principios del siglo X, los normandos, acaudillados por su jefe Rolón, se habían establecido en la región del Sena inferior. En el año 911, el rey de Francia, Carlos el Simple quiso poner fin a la amenaza y cedió a Rolón el mencionado territorio, que incluía la península de Contentin, y que a partir de entonces se llamó Normandía. Además el jefe normando recibió el título de duque y aceptó en convertirse al cristianismo al contraer matrimonio con la hija del monarca francés. Este pacto puso fin a los ataques. Con el tiempo los normandos allí establecidos adoptaron la lengua y costumbres francesas.

Los normandos también realizaron constantes incursiones piratas sobre las costas de la península Ibérica. Era tal la fiereza y audacia de sus ataques, que los árabes invasores de España lo llamaron los hechiceros del norte. Luego penetraron en el Mediterráneo y se dirigieron a Italia, donde conquistaron Nápoles y Calabria. En Sicilia consiguieron desalojar a los musulmanes. También se establecieron en Rusia, a orillas del lago Ladoga, de donde pasaron a Novgorod y Kiev. Los vikingos descubrieron Islandia, Greolandia y la península de El Labrador, en las costas atlánticas de la América del Norte.


División del Imperio Carolingio

La división del Imperio Carolingio tuvo lugar luego de la muerte de Ludovico Pío, cuando los hijos de éste, Carlos el Calvo, Luis el Germánico y Lotario I, firmaron el Tratado de Verdún en 843 que puso fin a la guerra entre estos tres hermanos. Por éste tratado, los hijos de Ludovico acordaron dividir y repartirse el Imperio en tres partes. Carlos se quedó con los territorios occidentales del Imperio (actual Francia), Lotario con la parte central, y Luis con los territorios ubicados al este (actual Alemania). Varias causas influyeron en la división del Imperio de Carlomagno y su gradual decadencia. La gran extensión de esos dominios y la falta de comunicaciones conspiraron contra la unidad y favorecieron el aislamiento de pueblos de razas e idiomas diferentes. Con el tiempo los reyes carolingios perdieron autoridad y en cada una de las regiones en que fue dividido el Imperio se hicieron sentir elementos disgregadores acaudillados por los condes deseosos de una total autonomía.

Antecedentes

A la muerte de Carlomagno en el año 814, el gran Imperio creado por éste fue gobernado por su hijo Ludovico Pío, hombre culto, pero débil de caracter y sin condiciones para el mando. Debió luchar contra sus tres hijos, Luis, Lotario y Carlos, quienes exigieron la división anticipada del Imperio, provocando guerras internas. A la muerte de Ludovico en el año 840, la lucha por el poder entre sus hijos se hizo más encarnizada. El mayor, Lotario, pretendió ocupar el trono imperial, pero sus dos hermanos Luis y Carlos se unieron y lo derrotaron en la sangrienta batalla de Fontenoy en el 841. Luego del triunfo, los dos hermanos se juraron fidelidad en Estrasburgo, Alsacia. Como Lotario no contaba con las fuerzas suficientes como para continuar con la guerra contra sus dos hermanos menores, le propuso a ellos la paz, la cual se concretó con el Tratado de Verdún en 843, por el cual la división del Imperio Carolingio fue inevitable.

La seguridad industrial y el análisis de las causas de los accidentes (Parte II)

La seguridad industrial y el análisis de las causas de los accidentes (Parte II)

Algunas veces el análisis lleva a un cambio del diseño de un producto o un proceso. En otros casos, se modifican los procedimientos de trabajo para prevenir futuros incidentes o para reducir sus efectos. De hecho, inclusive cuando no es posible cambiar nada para prevenir un futuro incidente, al menos se puede informar a los trabajadores lo que sucedió, lo que causó el accidente, en qué condiciones puede volver a ocurrir y cómo protegerse. El informar a los trabajadores los hechos y las causas de los accidentes que ya han ocurrido al interior de la empresa, puede convertirse en el único método eficaz de capacitarlos para evitar lesiones y enfermedades. Por tanto, el análisis de las causas de los accidentes es un aspecto fundamental para la ingeniería de la seguridad y salud ocupacional. Existen otras clases de análisis de accidentes como el análisis de frecuencia de accidentes y el análisis de costos, sin embargo ninguno es tan importante como la determinación de las causas de accidentes que ya han sucedido y que pueden volverse a repetir.

Por otra parte se debe señalar que aun considerando su importancia, el análisis de las causas de los accidentes tiene algunas desventajas, de las que la principal es la más obvia (el hecho de que se realiza después de sucedido el hecho, es decir, cuando es muy tarde para prevenir las lesiones o pérdidas que produjo). Otra desventaja es que el objeto de análisis puede derivar muy fácilmente en culpar o identificar la responsabilidad legal. Sin olvidar estas desventajas, el análisis debe esforzarse por circunscribirse al objetivo de determinar qué procesos, procedimientos o prácticas administrativas se deben modificar para prevenir ocurrencias futuras del mismo accidente o similares.

Tratado de Verdún (843)

El Tratado de Verdún fue el tratado que puso fin a la guerra civil carolingia, donde lucharon por el poder los tres hijos de Ludovico Pío (nietos de Carlomagno). Carlos el Calvo, Lotario I y Luis el Germánico firmaron en el año 843 el Tratado de Verdún, por el cual dividieron y se repartieron el Imperio de Carlomagno. Carlos obtuvo las regiones occidentales del Imperio (actual Francia). Luis tomó para sí las regiones orientales (actual territorio de Alemania). Lotario, por su parte eligió las capitales imperiales: Roma y Aquisgrán, enclavadas en una estrecha franja de terreno entre los dominios de sus dos hermanos, que iba desde Italia hasta el Mar del Norte.

Aunque el Tratado de Verdún acabó para siempre los sueños de Carlomagno de una resurrección del Imperio Romano en Europa Occidental, puso los cimientos de lo que serían las naciones de Francia al oeste, que fue el territorio que obtuvo Carlos en este tratado y que por primera vez recibe esa denominación en vez del tradicional nombre de Galia, y Alemania al este (los dominios de Luis). El territorio de Lotario será conocido en la Edad Media como la Lotaringia, denominación geográfica que abarca Flandes (las actuales Bélgica y Holanda), las regiones francesas de Alsacia y Lorena, y la Italia septentrional.


La seguridad industrial y el análisis de las causas de los accidentes (Parte I)

La seguridad industrial y el análisis de las causas de los accidentes (Parte I)

Una de las tareas más importantes en la seguridad e higiene de los trabajadores es el análisis exhaustivo de las causas potenciales de las lesiones y enfermedades que pudieran haber ocurrido en la empresa. Incluso los accidentes o incidentes que no hubieran ocasionado lesiones o enfermedades, pero que hubieran podido hacerlo, deben ser sometidos a un estudio con el objeto de reducir las posibilidades que se repitan. Se debe considerar como información importante a cualquier suceso no deseado ni planeado para la prevención de enfermedades y lesiones futuras. El análisis de las causas de accidentes y la difusión subsecuente de esta información al personal que expuesto a riesgos similares en el futuro, puede ser considerado como la mejor manera de prevenir lesiones y enfermedades. Son muy comunes los casos en los que trabajadores hayan sido afectados por accidentes o lesiones que ya habían afectado a otros.


Ludovico Pío

Ludovico Pío (778-840) fue el hijo menor de Carlomagno. Sucedió a su padre como rey de los francos, reinando entre 814 y 840. También fue rey de Aquitania a partir de 781. Durante su reinado, el Imperio Carolingio comenzó su decadencia. Ludovico Pío incorporó a sus hijos Lotario, Pipino y Luis en la administración del gobierno, tratando de establecer una división adecuada entre ellos bajo la supremacía de Lotario, el hijo mayor. Cuando intentó agregar a un cuarto hijo, Carlos el Calvo, los hijos mayores se rebelaron y lucharon por obtener la supremacía. La muerte de Pipino en 838 no detuvo la lucha por el Imperio entre los tres hermanos restantes, que finalizaría con el Tratado de Verdún en 843, por el cual el Imperio Carolingio fue dividido en tres partes y repartidos entre ellos.

Martillo de Guerra

El martillo de guerra era un arma utilizada durante la Edad Media en combate cuerpo a cuerpo. El martillo de guerra constaba de un mango de aproximadamente 1 m de longitud, en cuyo extremo tenía remachada una pieza de acero con un lado redondeado y macizo a modo de cabeza de martillo para golpear, y del otro lado un pico alargado que terminaba en punta, el cual era utilizado para perforar armaduras y yelmos metálicos. El martillo tuvo su auge en la Edad Media y se utilizaba para destruir las armaduras de los oponentes. La estrategia más común era llevar a varios soldados armados con maza o martillo y detrás de ellos infantería normal. Era el arma favorita de Carlos Martel, quien la hizo popular. El nombre de este jefe de los francos era solamente "Carlos", la palabra "martel" significa martillo, que fue el sobrenombre que los francos le dieron a su jefe ya que éste hizo de él su arma favorita.



Guerras Sajonas

Se conoce como Guerras Sajonas a las campañas militares llevadas a cabo por Carlomagno, rey de los francos, entre los años 772 y 804 en contra de las tribus sajonas ubicadas en la frontera este de su imperio. Se luchó en el noroeste de la actual Alemania y hubo un total de diez y ocho batallas. Conducidos por su jefe Widikind, los Sajones opusieron encarnizada y feroz resistencia al avance del ejército franco y a los intentos de cristianización. Las Guerras Sajonas comenzaron con la invasión del ejército de Carlomagno del territorio sajón en 772 y el sometimiento de los engrios, una de las numerosas tribus sajonas, destruyendo su símbolo sagrado el Irminsul. El principal propósito del rey franco era cristianizar a todas las tribus de Alemania.

La segunda campaña de las Guerras Sajonas transcurrió durante el año 775. Carlomagno cruzó Westfalia y conquistó Sigiburg y Engria, donde derrotó nuevamente a los sajones. Finalmente, logró una nueva victoria en Eastfalia, consiguiendo la conversión del líder sajón Hessi. Regresó nuevamente a través de Westfalia, dejando guarniciones en Sigiburg y Eresburg. En ese momento, toda Sajonia, excepto Nordalbingia, estaba bajo su control, aunque la paz no duraría. Carlomagno regresó por tercera vez a Sajonia en 776, derrotando nuevamente a los sajones, aunque Widikind huyó y se refugió entre los Daneses. Entretanto, Carlomagno levantó un nuevo campamento en Karlstadt. En 777 convocó una Dieta nacional en Padeborn para integrar definitivamente el territorio de Sajonia en el reino franco. Muchos sajones fueron bautizados.

En el año 779, Carlomagno regresó a Sajonia y conquistó Eastfalia, Engria y Westfalia. Una nueva dieta se reunió en Lippspringe y en ella se decidió la división del territorio sajón en distritos misioneros y condados francos. El propio emperador asistió a varios bautismos masivos en 780, tras lo que regresó a Italia sin que, sorprendentemente, hubiera rebeliones a su marcha. En los años 792 y 793 hubo dos rebeliones más encontra de Carlomagno. El último alzamiento de las Guerras Sajonas tuvo lugar en 804; fue iniciado por la más rebeldes de todas las tribus sajonas, los nordalbingios. Sin embargo, los francos pudieron nuevamente imponerse. Al final de este largo y sangriento conflicto religioso-militar, más de tres mil jefes de tribus fueron ejecutados y miles de sajones fueron desarraigados a través de deportaciones masivas de sus territorios a otras partes de Alemanias.

Carlomán I

Carlomán I (751 - 771) fue el segundo hijo de Pipino el Breve rey de los francos. Cuando murió su padre en el año 768, heredó su reino, compartiendo el trono con su hermano Carlomagno. Sin embargo murió siendo joven, en 771, dejando a su hermano como unico rey de los francos. Carlomán I se casó con Gerberga y tuvo tres hijos: Pipino (nacido en 770) y Siagrio, obligados por Carlomagno a hacerse monjes, y Cunegunda, casada con San Guillermo Gellone, duque de Tolosa.

Carlomagno (Campañas Militares)

Carlomagno (742-814) fue rey de los francos entre los años 768 y 814, y, a partir del 800, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, protector de la Iglesia. El título oficial de Carlomagno era Carlos I, el Grande, y fue quien dió el nombre a la dinastía iniciada por su padre Pipino el Breve: Carolingia. Nació en Lieja, Bélgica, alrededor del año 742. Era hijo de Pipino, mayordomo de palacio y primer rey de los francos de la dinastía Carolingia, y su esposa Bertrada de Laon. Su abuelo fue Carlos Martel, quien derrotó a los musulmanes en la batalla de Poitiers del 732. Carlomagno heredó el trono de su padre junto con su hermano Carlomán. Sin embargo a la muerte de éste en 771, quedó como único soberano.

Las principales campañas militares de Carlomagno estuvieron dirigidas contra los lombardos, los musulmanes, los sajones y los ávaros.

1) Guerra contra los lombardos (774)
A la muerte de Pipino el Breve los lombardos se apoderaron nuevamente de los territorios pontificios y pusieron sitio a Roma. El Papa Adriano pidió ayuda a Carlomagno, quien cruzó los Alpes, derrotó al jefe lombardo Desiderio y ocupó Pavía, su capital. Allí se apropió de la corona de hierro, la que ciñó, proclamandose rey de Lombardía. Carlomagno dividió el reino lombardo en veinte condados francos y restituyó al Papa sus territorios.

2) Guerra contra los musulmanes (778-802)
A pesar de la derrota sufrida en Poitiers en manos de Carlos Martel, los invasores islámicos continuaron incursionando por el sur de Francia. Para alejarlos de los Pirineos, Carlomagno emprendió una serie de expediciones militares. En una de esas campañas, Carlomagno logró apoderarse de Pamplona, pero al retirarse a través de los Pirineos, su retaguardia fue sorprendida y derrotada por los vascos en el desfiladero de Roncesvalles, donde halló la muerte el sobrino de Carlomagno, llamado Rolando. Sin embargo, en el año 794, Carlomagno logró liberar de la tiranía del islam a los territorios españoles comprendidos entre los Pirineos y el río Ebro. Allí creo una provincia fronteriza o marca, cuya capital fue Barcelona.

3) Guerra contra los sajones (772-804)
Fue la más dura de las campañas militares de Carlomagno. Los sajones eran pueblos germánicos establecidos en el territorio de la actual Alemania, entre el Rin y el Elba. Acaudillados por su rey Widikind, resistieron la acción evangelizadora de los misioneros y durante muchos años ofrecieron encarnizada resistencia a las expediciones de los francos que pugnaban por conquistar su territorio. A fin de someterlos, Carlomagno debió apelar a enérgicos procedimientos, tales como la matanza de jefes de tribus que caían prisioneros y las deportaciones en masa de tribus enteras de sus territorios a otras partes de Alemania, para quebrar la voluntad de lucha. Lograda la sumisión de sajones, Carlomagno incorporó sus territorios al reino franco y creó las marcas de Suabia, Brandeburgo y Baviera.

4) Guerra contra los ávaros y eslavos (796)
En los llanos de la actual Hungría habitaban los ávaros, pueblo pagano de raza mongólica, emparentados con los hunos. Para poner fin a sus pillajes y matanzas, Carlomagno envió algunas expediciones que lograron derrotarlos. Luego ocuparon sus campos atrincherados, donde los ávaros se refugiaban.

Luego de sus victoriosas campañas militares, Carlomagno logró dominar la Europa Occidental y las fronteras del reino franco fueron casi tan extensas como las del antiguo Imperio Romano de Occidente. La necesidad de consolidad la unidad de los pueblos motivó que el Papa restableciera la dignidad imperial, colocándola en manos del monarca más poderoso de Europa: Carlomagno. En el año 800, el rey de los francos envió sus tropas a Italia en ayuda del nuevo Papa León III, depuesto por una conspiración. Cuando el pontífice fue puesto nuevamente en el trono, Carlomagno se trasladó a Roma para juzgar a los conjurados, situación que aprovechó el Papa para coronarlo emperador. De esta manera León III coronó a Carlomagno Emperador en la navidad del año 800.

Carlomagno murió en el año 814 y le sucedió su hijo Ludovico Pío, quien reinó hasta el año 840. Con sus conquistas militares, Carlomagno sentó las bases de lo que sería Europa Occidental en la Edad Media. También fue el fundador de las monarquía francesa y alemana, en cuya historias figura como Carlos I.

Pipino III el Breve

Pipino el Breve (715-768) fue el primer rey de los francos de la dinastía Carolingia, reinando entre los años 751 y 768. Pipino III nació alrededor del año 715 en Jupille, cerca de Lieja, Bélgica; fue el hijo menor de Carlos Martel y su esposa Rotrudis de Tréveris. Cuando su padre murió en el 741, heredó el título de mayordomo del palacio de Neustria, mientras que su hermano mayor, Carlomán, el de mayordomo de Austrasia. De esta manera los dos hermanos se repartieron el poder del reino de los francos, pero en el año 747, Carlomán se retira a la vida monástica y cede la mayoría de Austrasia a su hermano menor, con lo cual Pipino el Breve se convierte en el mayordomo de los dos palacios y jefe efectivo de todo el reino franco. Desde ese momento, comienza un duro enfrentamiento para deshacerse de Childerico III, el rey merovingio del que depende oficialmente.

Pipino envía en el 750 una delegación franca a entrevistarse con el Papa Zacarías, en solicitud de una autorización para poner fin al decadente reino merovingio y ocupar el trono de Childerico. Zacarías acepta y declara que "debe ser Rey el que ejerce la realidad del poder". El papa necesitaba que los francos tuvieran un rey con autoridad para combatir contra los lombardos, un pueblo de origen germánico que no practicaba el cristianismo y representaba una amenaza para la Iglesia. En noviembre de 751, Pipino depone a Childerico III y se hace coronar por San Bonifacio en el campo de mayo en Soissons, siendo proclamado por una asamblea de obispos, nobles y Leudes (grandes del reino). Esta elección se consigue sin derramamiento de sangre. Childerico III, tras ser depuesto, es tonsurado (pierde sus largos cabellos, signo del poder entre los francos) y termina sus días encerrado en el monasterio de San Bertin, cerca de Saint-Omer.

A la muerte de Pipino el Breve, en el año 768, heredaron el trono sus hijos Carlomagno y Carlomán I, quienes compartieron el poder hasta la muerte de éste último.




Batalla de Tolosa (721)

La batalla de Tolosa (721) fue librada entre el Ejército Franco, comandado por el duque Eudes de Aquitania, y el ejército musulmán del Califato Omeya. As-Samh ibn Malik al-Jawlani, gobernador islámico de la península Ibérica, había organizado un poderoso ejército desde África del Norte, Yemen y Siria para conquistar Francia y el resto de Europa. Luego, una vez de haber penetrado en el sur de Francia por los Pirineos, Al-Jawlani sitió a la ciudad de Tolosa, por entonces la ciudad aquitana más importante.

Al ser superado ampliamente en número, el duque Eudes de Aquitania se vió forzado a partir para solicitar ayuda, regresando tres meses más tarde, justo cuando la ciudad estaba a punto de rendirse y caer en manos de los musulmanes invasores. El 9 de junio de 721 se desató la encarnizada batalla de Tolosa, donde las fuerzas francas consiguieron derrotar al ejército islámico. La victoria en esta batalla consiguió temporalmente evitar el avance del control musulmán más hacia el oeste de Narbona, hacia tierras aquitanas.

Batalla de Poitiers (732)

La batalla de Poitiers fue librada entre el ejército franco de Carlos Martel y las fuerzas invasoras musulmanas, comandadas por Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki, en el año 732, entre las ciudades de Tours y Poitiers, Francia. En esta sangrienta batalla, los francos aplastaron a los islámicos que intentaban invadir el resto de Europa y hacer de la misma un califato musulmán. Abderrahman murió en la contienda, sin poder hacer nada ante la superioridad combativa de los germánicos. La batalla de Poitiers de 732 marcó un hito histórico-militar de muchísima importancia para la historia de Europa y Occidente, ya que detuvo el avance islámico en Francia. Luego de esta confrontación, los francos continuaron empujando e hicieron retroceder a los musulmanes hacia la península Ibérica, donde las fuerzas románicas visigodas de Don Pelayo también habían comenzado la guerra de Reconquista en el noroeste de España contra el invasor destructor de culturas.

Antecedentes

Los musulmanes habían penetrado en Francia a través de los Pirineos en el año 720, estableciendose en Narbona, en el sur de Francia. Narbona fue la base de operaciones de la fuerza invasora. Aunque el Duque Eudes de Aquitania los había derrotado en el año 721, las incursiones árabes comandadas por Munuza continuaron, alcanzando en el año 725 a la ciudad de Autun en Borgoña. En el 730, Eudes hizo un pacto con el jefe musulmán y los ataques islámicos se detuvieron. Sin embargo, al año siguiente una nueva fuerza invasora musulmana más numerosa y despiadada, proveniente también de la península Ibérica, penetró en Francia, saqueando todo a su paso. El duque Eudes reunió su ejército en Burdeos, pero fue derrotado y Burdeos saqueada. La matanza de cristianos en el río Garona y en otras partes de la Galia fue especialmente terrible. Los islámicos quemaban, violaban, mutilaban y mataban a todo cristiano que encontraban en su camino, ya que uno de los fundamentos del islám es matar al infiel (cristiano, judío, pagano, etc.).

Resumen de la batalla de Poitiers

Eudes pidió ayuda a los francos, una ayuda que Carlos Martel. Éste reunió un ejército de unos 17.000 hombres, curtidos veteranos combatientes. Carlos Martel desplegó a su ejército en un lugar por donde esperaba que pasara el ejército musulmán, en una posición defensiva. Su infantería, armada con espadas, lanzas, hachas, martillos de guerra y escudos presentaba una formación del tipo falange. Se dispusieron formando un gran cuadro. Ciertamente, dada la disparidad entre los dos ejércitos, el 90 % de las fuerzas francas eran casi todos soldados de infantería, en tanto que los musulmanes eran tropa de caballería, ocasionalmente con armadura, por lo tanto con ventaja sobre los germánicos. No obstante ello, Carlos Martel desarrolló una batalla defensiva muy brillante; además del hecho que los rubios nórdicos de Carlos Martel eran guerreros por naturaleza.

Durante una semana ambos ejércitos se estudiaron a traves de pequeñas escaramuzas. Al séptimo día, Abderrahman Al Gafiki inició el ataque. Los francos esperaban, lanzando gritos de guerra, golpeando sus hachas contra sus escudos. La caballería musulmana cargó repetidamente contra la infantería de Carlos Martel. Sin embargo, esta vez la fe de los musulmanes en su caballería, armada con sus lanzas largas y espadas, que les había dado la victoria en batallas anteriores, no dió resultado. En una de las raras ocasiones en las que la infantería medieval resistió cargas de caballería, los disciplinados soldados francos resistieron uno tras otros los asaltos de una fuerza superior en número.

De a poco la caballería de Al Gafiki estaba siendo diezmada por las fuertes y corajudas fuerzas de a pie de Carlos Martel. En un instante de la batalla, los árabes recibieron la noticia que el botín musulmán que habían robado en Burdeos estaba siendo saqueado por la pequeña caballería franca. Ésto aceleró la retirada árabe, lo que luego se transformo en huida generalizada. Mientras intentaba frenar la retirada, Al Gafiki fue rodeado y finalmente muerto. En lo que fue la carga definitiva de la caballería del Duque Eudes, que aguardaba oculta en los bosques al norte de la posición del cuadro de Carlos Martel, resultando en un movimiento envolvente a la manera de los ejércitos francos, como si de un martillo contra un yunque se tratara, acabando con toda posibilidad de reagruparse del ejército enemigo.

Carlos Martel

Carlos Martel (688-741) fue mayordomo de palacio y jefe militar durante los reinados de los reyes de la dinastía merovingia del reino de Austrasia, gobernando de facto durante el interregno entre 737 y 741. Usó el título de Duque y Príncipe de los Francos. En el siglos VII, luego de la muerte del Dagoberto, el cargo de mayordomo de palacio comenzó a ser hereditario, privilegió que había recaído en la familia de los Heristal, duques de Austrasia. Los reyes de la dinastía merovingia se habían vuelto débiles y sin autoridad y el poder militar estaba en manos de los mayordomos.

Carlos Martel nació en Heristal, actual Bélgica, alrededor del año 688. Era hijo ilegítimo del mayordomo Pipino de Heristal y de su amante Alpaida. Cuando Pipino murió en el año 714, Carlos Martel fue encarcelado por Plectrudia, esposa de su padre. Cuando Pipino estaba en su lecho de muerte, su esposa le hizo que dejara como heredero a su nieto Teodoaldo, hijo de Grimoaldo, con el título de mayordomo. Pero como éste era un menor de solo ocho años, gobernaría su abuela Plectrudia. Pero diversas provincias del reino no aceptaban que una mujer las gobernara, y las revueltas empezaron a propagarse, primero en Neustria en 715, luego en Sajonia y Austrasia.

Sin embargo, Carlos Martel logró escapar de la prisión al año siguiente (715) y se puso al frente de las revueltas del reino de Austrasia. Primero venció a las fuerzas de Neustria en dos batallas: Amblève (716) y Vichy (717). Entonces se dirige a Colonia, donde reside Plectrudia con su hijo y nieto, quienes se ven forzados a reconocer la derrota y dejar el poder de Austrasia en manos de Carlos, quien se convierte en el nuevo mayordomo. Una vez que tiene el control de la situación, coloca en el trono al nuevo rey Clotario IV, destronando a Chilperico II, y repudia al obispo de Reims, Rigoberto, favorable a Plectrudia.

Para reunificar el reino franco deberá combatir de nuevo con Neustria hasta someterla definitivamente tras la derrota en la batalla de Soissons. Quiere, asimismo, reconquistar la frontera este del reino; de 720 a 738 conquista Austria y el sur de Alemania. De esta manera quedará restablecido el reino franco como lo estaba bajo el reinado de Pipino de Heristal. Tras la muerte de Clotario IV, se verá obligado a reponer en el trono a Chilperico II. Cuando éste fallece en 721, Carlos va a buscar, entonces, al monasterio de Chilles al hijo de Dagoberto III, Thierry IV, y le instala en el trono.

Carlos Martel derrota a los invasores musulmanes

La Península Ibérica había sido invadida por los islámicos asesinos y sus aliados los bereberes en el año 711. Éstos continuaron su avance hacia el norte cruzando los Pirineos. Invadieron el Languedoc y gran parte de la Borgoña actual e intentaron llegar al centro del territorio franco. La intervención del duque de Aquitania, Eudes, pudo detener en 721 el primer embate en la batalla de Toulouse y consiguió que los musulmanes se retiraran a la península temporariamente. En 732 los musulmanes reanudaron su ofensiva a través de la frontera, con el fin, entre otros, de tomar el santuario de San Martín de Tours.

Esta vez el duque Eudes no puede hacer frente él solo a esta acometida y solicita la ayuda de Martel. El 19 de octubre de 732 ambas ejércitos desplegaron sus fuerzas en Moussais, en el actual departamento de Vienne, entre Tours y Poitiers. Los bravos francos de Carlos Martel aplastaron a los ancestros de los terroristas del siglo XXI en la batalla de Poitiers. El jefe islámico, Abderramán murió en la batalla. Si no hubiera sido por esta intervención de Carlos Martel, Europa sería hoy musulmana y la democracia y el mundo libre no hubiera sido posible.

Carlos Martel murió varios años después en el año 741 en Quierzy. Fue enterrado en la Basílica de Saint-Denis. A su muerte, su poder es repartido entre sus dos hijos Carlomán y Pipino el Breve.

Clotario I

Clotario I, el Viejo, (497-561) fue un monarca del reino de los francos de la dinastía merovinjia. Fue hijo de Clodoveo y de Clotilde. Cuando murió su padre, Clodoveo I, el reino de los francos se dividió entre sus cuatro hijos. Sin embargo, Clotario I, que era rey de Neustria (511-561), comenzó a expandir sus dominios para luego convertirse en rey de Orleans (532-561), de Borgoña, cuyo reino compartió con su hermano Childeberto (534-558), Austrasia (555-561) y de París y de Borgoña (558-561).

Edad Media

La Edad Media es un período histórico intermedio entre la Antiguedad y los Tiempos Modernos, y comprende aproximadamente diez siglos. Abarca desde la caída del Imperio Romano de Occidente en poder de los bárbaros en el año 476 hasta la toma de Constantinopla por los turcos otomanos musulmanes en 1453. Los límites cronológicos de la Edad Media que fijan su comienzo y su final no son absolutos, habiendo sido establecidos sólo para un mejor estudio de este período, ya que los cambios políticos, sociales y culturales son lentos y graduales en una larga cadena de causas y consecuencias.

En la Edad Media nace y se desarrolla una civilización, cuyos aspectos fundamentales pueden resumirse de esta manera: a) se destruye la unidad política del Imperio Romano a consecuencia de las invasiones bárbaras; b) la Iglesia Católica se fortalece y adquiere una importancia fundamental, dejando sentir su influencia en las más variadas instituciones; c) surgimiento del feudalismo, en el cual el poder queda en manos de los señores feudales y los reyes pierden autoridad.

La Edad Media suele dividirse en tres épocas: 1) la temprana Edad Media (siglos V al IX), que va desde la caída del Imperio Romano hasta la disolución del Imperio Carolingio; 2) la alta Edad Media (siglos IX al XIII), que es el período que transcurre desde la disolución del Imperio Carolingio hasta el comienzo de la crisis medieval, comprendiendo las cruzadas y el proceso que dará origen a las futuras naciones europeas; 3) la baja Edad Media (siglos XIV al XV), que es la etapa en que diversas transformaciones llevan a la crisis del mundo medieval, donde aparecen la burguesía urbana, que muy pronto acumuló grandes riquezas, culminando con el surgimiento y unificación de las naciones europeas, como España, con la unificación de los reinos de Castilla y Aragón, Inglaterra, con la unificación de las casas de Lancaster y York luego de la Guerra de las Rosas, y Francia con la dinastía de los Valois. A finales de la baja Edad Media comienza el Renacimiento.