La Guerra de los Cien Años

En la última centuria de la Edad Media se produjo una larga contienda armada entre Francia e Inglaterra conocida como la Guerra de los Cien Años, que comenzó en el año 1337 y terminó en 1453 con el triunfo de las fuerzas francesas en la batalla de Castillón. Entre las causas de la Guerra de los Cien Años figuran:

a) La enemistad que existía entre ambos países desde la época de los Plantagenet, por los dominios que éstos habían obtenido en el territorio francés, aunque en el momento de iniciarse el conflicto, los ingleses sólo poseían la Guyena, feudo que los Capeto ambicionaban ocupar.
b) Las pretensiones de Eduardo III, rey de Inglaterra, para ocupar el trono de Francia. En 1328 había muerto Carlos IV, hijo de Felipe IV el Hermoso, sin dejar descendencia masculina, con el cual se extinguió la dinastía de los Capeto y los franceses quedaron sin rey. Sin embargo, Felipe IV tuvo una hija que se casó con el rey de Inglaterra Eduardo II; el descendiente de este matrimonio, que ciñó la corona de Inglaterra con el título de Eduardo III, se consideró heredero del trono francés por línea materna. Para no ser governados por un monarca extranjero, los franceses aplicaron la antigua "ley sálica", la cual excluía a las mujeres de la herencia, y en 1328 nombraron rey a Felipe VI de Valois, sobrino de Felipe IV. El monarca inglés no acató lo resuelto y elevó una protesta pero no obtuvo repuesta favorable.
C) Los flamencos reconocieron inmediatamente a Eduardo III como rey de Francia, porque estaban ligados economicamente con los ingleses, quienes les suministraban lana para sus fábricas de paño. La alianza de Flandes con Inglaterra era peligrosa para la integridad de los dominios franceses.

La Guerra de los Cien Años se divide en dos períodos, que se inician con triunfos ingleses y finalizan con victorias francesas.

Primer período

La guerra comenzó en 1337 cuando Felipe VI Valois se apropió de la Guyena, en represalia por la alianza de los ingleses con los flamencos. Entonces Eduardo III ordenó la salida de la escuadra inglesa, la cual derrotó a la fuerza naval enemiga en la batalla de La Esclusa en 1340, en las proximidades de Boulogne. Posteriormente y contando con el dominio de las aguas, los ingleses desembarcaron en Normandía y derrotaron a los franceses en la importante batalla de Crecy en 1346. Los vencedores ocuparon luego a Calais, que se rindió luego de once meses de sitio. Sin embargo la lucha debió interrumpirse por los estragos que causaba en Europa la terrible peste negra.

En 1350 murió Felipe VI y fue sucedido por su hijo Juan II el Bueno, gobernante sin condiciones para el mando. Este fue derrotado en la batalla de Poitiers en 1356 y tomado prisionero por el Príncipe Negro, hijo de Eduardo III, llamado así por el color de su armadura. Prisionero el rey francés, asumió la regencia de Francia su hijo el Delfín Carlos, quien debió dominar una revolución en Paris y el levantamiento de los campesinos denominado jaquería, debido a los descontentos contra los nobles. Sin fuerzas suficientes como para emprender la guerra con éxito, Carlos firmó con el monarca inglés la paz de Bretigny en 1360. Por ella, Juan el Bueno recuperaba la libertad a cambio de un rescate de tres millones de escudos de oro y además entregaba a Inglaterra el territorio occidental de Francia.

A Juan el Bueno le sucedió Carlos V (1338-1380), monarca prudente y hábil que se propuso terminar con la anarquía que asolaba a Francia. El soberano francés contó con la colaboración del valiente y osado caballero Beltrán Duguesclin, quien puso fin a los desmanes de ls compañías, y con un sistema de guerras de escaramuzas reconquistó paulativamente el territorio francés entregado a los ingleses por la paz de Bretigny.

Segundo período

A la muerte de Carlos V le sucedió en el trono de Francia su hijo Carlos VI, que a la sazón contaba doce años. Al llegar a la mayoría de edad, el nuevo rey enloqueció (1392), situación que aprovecharon varios ambiciosos para tratar de ocupar el trono, entre ello su hermano el duque Luis de Orleáns y Juan Sin Miedo, duque de Borgoña, primo del monarca enfermo. No tardaron en producirse sangrientas revueltas entre los armañacs, partidarios del duque de Orleáns, y los borgoñeses, seguidores de Juan Sin Miedo. Aprovechando los incidentes que ocurrían en Francia, el nuevo monarca inglés, Enrique V, invadió el territorio continental y derrotó a un ejército reclutado por los armañacs (de Luis de Orleáns) en la batalla de Agincourt en 1415.

El duque de Borgoña, ante la imposibilidad de enfrentar con éxito a los ingleses, trató de reconciliarse con los armañacs, que propiciaban la candidatura al trono del Delfín Carlos, hijo del rey enfermo. Sin embargo, en el transcurso de una entrevista con sus rivales, Juan Sin Miedo, duque de Borgoña, fue asesinado, por lo cual sus seguidores decidieron aliarse con los ingleses.

Por el tratado de Troyes de 1420, los ingleses y borgoñeses obligaron al rey Carlos a que desheredara a su hijo el Delfín, y a casar a su hija con Enrique V, además debió reconocer a éste heredero del trono francés. Sin embargo, como a los dos años murieron los soberanos que firmaron el tratado de Troyes. Enrique VI, hijo del matrimonio y que sólo tenía un año de edad, fue proclamado en Paris rey de Inglaterra y Francia. Casi todo el norte del territorio francés reconoció y apoyó al nuevo monarca. Sin embargo, los armañacs, refugiados en la ciudad de Bourges, designaron rey al Delfín, con el nombre de Carlos VII.

La guerra continuó y los ingleses estrecharon paulatinamente el cerco y en 1428 citiaron la ciudad de Orleáns, uno de los últimos baluarte de la defensa. La crítica situación por la que atravesaba el suelo francés despertó por primera vez en sus hijos el sentimiento del patriotismo, que tuvo su mejor expresión en una Santa, llamada Juana de Arco (1412-1431). Al frente de un pequeño ejército, al que exigió la máxima decencia y disciplina, partió rumbo a Orleáns. Ante la presecia de Juana de Arco, los sitiados, enardecido por el patriotismo y colocados bajo sus órdenes, lograron rechazar a los ingleses.

La valerosa Doncella de Orleáns obtuvo nuevos triunfos, situación que permitió a Carlos VII trasladarse a Reims, en cuya catedral fue coronado rey de Francia. Posteriormente Juana de Arco cayó prisionera de los Borgoñones, cuando trataba de liberar la ciudad de Campiegne, y fue entregada a los ingleses por la suma de 10.000 francos de oro, ante la indiferencia de Carlos VII, que no se preocupó por el destino de su salvadora.

El patriotismo despertado por Juana de Arco y su sacrificio aceleraron la victoria sobre los ingleses. Fue entonces que los borgoñones rompieron su alianza con los ingleses y por el tratado de Arrás reconocieron a Carlos VII en 1435. Consolidado el dominio real, los franceses obtuvieron un nuevo triunfo en la batalla de Castillón de 1453, y a partir de ese momento los ingleses abandonaron lentamente el territorio invadido. Al cabo de veinte años, sólo dominaban la plaza de Calais, que perdieron en 1558.

Batalla de Poitiers (1356)

La batalla de Poitiers tuvo lugar el 19 de septiembre de 1356, cerca de la ciudad de Poitiers, Francia. Fue una batalla de la Guerra de los Cien Años y fue librada entre el ejército inglés, bajo el mando de Eduardo, Príncipe de Gales, conocido como el Príncipe Negro, y el ejérctio francés, comandado por el rey Juan II de Francia. La batalla de Poitiers de 1356 fue la segunda gran victoria inglesa en esa larga contienda bélica, siendo la de Crecy la primera, y fue un premio a la gran estratégia defensiva implementada por el Príncipe Negro, así llamado por el color de su armadura, y quien era hijo mayor del rey inglés Eduardo III.

Antecedentes

Luego de las victorias de Sluys y Crecy, los ingleses continuaron realizando rápidas y violentas incursiones, atacando las aldeas y pueblos de la campiña francesa e incendiando sus cosechas para luego replegarse hacia sus bases de operaciones. Esta estrategia inglesa estaba orientada a poner a la población francesa en contra de su propia corona más que a lograr resultados militares directos. Los campesinos, al no sentirse protegidos de estas incursiones armadas inglesas, poco a poco gravitaban hacia los señores feudales locales solicitando ayuda. En agosto de 1356, Eduardo Príncipe de Gales realizó una incursión por la campiña francesa a gran escala; su ejército, junto con tropas amigas provenientes de Gascuña, devastó y quemó numerosas ciudades y campos productivos, dejando al enemigo frente a la penuria de hombres y de alimentos. Para poner fin a estos ataques y enfrentar a Eduardo, el monarca francés logró reunir un ejército de unos 18.000 hombres.

Características de las fuerzas antagónicas

Aunque el ejército francés estaba bien armado, basado en una gran caballería, con caballeros y caballos con armadura, apoyados por gran cantidad de ballesteros, era una fuerza lenta debido al peso de las armaduras, con poca maniobrabilidad. El Príncipe Negro, por el contrario, apostaba todo a la velocidad y movilidad de sus tropas ligeramente armadas y desprovistas de armaduras. El arco largo inglés, si bien no tenía los efectos devastadores de las ballestas francesas, ostentaba una cadencia de fuego cinco o seis veces superior, lo que convertía a sus operadores en fuerzas capaces de entenebrecer el cielo con nubes de flechas que desmoralizaban a los hombres y espantaban a los caballos de las tropas enemigas.

Resumen de la batalla de Poitiers de 1356

Para la batalla, Eduardo tomó una posición defensiva, alinéando a sus tropas de espaldas a un denso bosques para tener la retaguardia bien protegida. Su principal ventaja fue sus diestros arqueros armados con el célebre arco inglés que cubría una gran distancia. La contienda comenzó con una pequeña carga de caballería francesa, al ver ésto, Eduardo ordenó a su caballería simular una huida hacia el flanco izquierdo. Cuando los franceses interpretaron esto como una retirada, Juan envió a toda su caballería en forma masiva.

Entonces los arqueros ingleses, ubicados a la orilla del bosque, lanzaron una densa lluvia de flechas sobre la caballería francesa que cargaba lentamente. Aunque la armadura de los caballeros franceses era invulnerable a las flechas inglesas, las armaduras de los caballos eran ligéras y sobre los lados y atrás estaban desprotegidos. Sabiendo esto, los arqueros ingleses y galeses se movieron hacia los flancos de la caballería enemiga y acribillaron a los animales. Los resultados fueron devastadores. El Delfín Carlos, hijo de Juan, intentó defender a los caballos efectuando un ataque de infantería, enzarzándose en una lucha encarnizada hasta ser obligado a retroceder para reagruparse. La siguiente oleada de infantería bajo el duque de Orleans, viendo que los hombres del Delfín no atacaban de nuevo, volvió la espalda al enemigo y se dio a la fuga.

El rey de Francia decidió tomar el mando él mismo ante los resultados adversos, ordenando que la retaguardia trajera nuevos caballos para proseguir la lucha. Mientras tanto los arqueros ingleses se quedaban sin flechas. El momento definitorio del combate llegó cuando el Príncipe Negro hizo entrar en acción a la reserva móvil que había ocultado en los bosques. Estas tropas fueron capaces de rodear y atacar a los franceses por los flancos y la retaguardia, formando una bolsa. Los franceses, aterrorizados al verse rodeados, intentaron huir, y el rey Juan fue capturado de inmediato por los ingleses. Luego de cuatro años de cautiverio, luego la firma del Tratado de Bretigny en 1360, el rey francés Juan II fue liberado tras el pago de tres millones de coronas de oro.




Batalla de Crecy

La batalla de Crecy fue librada por el ejército inglés, comandado por el rey Eduardo III, y las fuerzas francesas, bajo el mando de Felipe VI, el 26 de agosto de 1346, cerca del pueblo francés de Crecy, durante la Guerra de los Cien Años. Crecy surge como consecuencia de la incapacidad de Eduardo III de Inglaterra de invadir Francia a través de Flandes. La intención del golpe que determinó la lucha en Crécy fue intentar la captura de París para poner fin a la guerra. El rey inglés había capturado cómodamente el ducado de Normandía y, tras una serie de escaramuzas, se decidió a enfrentar al ejército francés en la batalla de Crecy, cuyo resultado fue una decisiva victoria de las fuerzas inglesas.

El ejército inglés estaba compuesto de unos 14.000 hombres, incluidos 7.000 arqueros, comandados por Eduardo III, mientras que el gigantesco ejército francés estaba formado por la caballería, reforzada con agregados bohemios, mallorquines, navarros e italianos, sumando unos 40.000 hombres, con Felipe VI al mando. Eduardo resultó victorioso a causa del uso de unas tácticas y armamento superiores. Fue una batalla en donde se demostró la eficacia del arco inglés (longbow) usado en masa contra la caballería acorazada. Los caballeros franceses, provistos de armadura de placas, fueron reducidos por las flechas de punzón al cargar contra los ingleses, que se habían ubicado en una elevación para lograr una mejor trayectoria del fuego. El resultado fue que la elite de la nobleza francesa pereció en Crecy; alrededor de un tercio de la misma.




Batalla de Sluys (Esclusa)

La batalla de Sluys (Esclusa) fue una batalla naval de la Guerra de los Cien Años, librada el 24 de junio de 1340, entre la flota inglesa y la francesa, cerca del puerto de la Esclusa (Sluys), Holanda. En la misma, la escuadra inglesa, compuesta de unos 245 buques y bajo el mando del rey Eduardo III, derrotó a la flota francesa, marcando la primera victoria importante de este largo conflicto.

Antecedentes

Isabel de Francia, hija de Felipe IV de Francia, se había casado con Eduardo II de Inglaterra, convirtiéndose en la madre del rey Eduardo III de Inglaterra. Por ser la hija de Felipe IV, pertenecía a la dinastía Capeto. Por este motivo, el joven monarca (Eduardo III) de 16 años sostenía que le asistía el derecho sucesorio sobre el trono francés, ya que Felipe y sus tres hijos varones habían muerto sin descendencia. La corona francesa, en su teoría, debía pasar a su madre Isabel y luego a él mismo. Los franceses no estaban de acuerdo: entregaron el trono a la familia Valois y evitaron que Inglaterra se adueñara de Francia por un accidente de la naturaleza.

Resumen de la batalla de la Sluys

Eduardo III entró con su flota en la bahía en la mañana del día 24 de junio, y de inmediato ordenó maniobrar para colocar sus buques a barlovento, formados en solo dos líneas. Una vez que estuvo en posición, hizo arriar las velas para que el sol —que estaba a sus espaldas— deslumbrara a los enemigos, y ordenó atacar. El primer movimiento de los ingleses fue recuperar la Christopher, tomada por los franceses un año antes. El buque se comportaba como insignia de la flota enemiga, por lo que, al ver el estandarte de Eduardo III, se dirigió de inmediato contra él. La nave fue recuperada en poco tiempo, y los soldados franceses que la tripulaban, masacrados. Eduardo hizo transbordar a la Christopher su cuerpo de trompeteros, y la lucha comenzó al ritmo de aires militares.

La primera línea inglesa hizo de vanguardia, atacando a su similar francesa, mientras que la segunda se escindió en dos secciones, que aparentemente flanquearon a la segunda y tercera líneas enemigas. Al igual que los franceses, Eduardo puso a los buques más poderosos al frente, haciendo que los arqueros treparan a las velas para tener una línea de fuego despejada y una mejor visión de las cubiertas enemigas. Entre cada dos naves de guerra se colocó un transporte de tropas lleno de hombres de armas. El resto de los arqueros quedaron en buques de retaguardia en calidad de reserva. La batalla degeneró de inmediato (en consonancia con su época) en una sucesión de abordajes mutuos, que conllevaban salvajes batallas campales cuerpo a cuerpo sobre las cubiertas de los navíos. La lucha fue feroz y la violencia, enorme.

La batalla de la Esclusa terminó con la destrucción total de la flota francesa y un escalofriante recuento de víctimas. Según los comentarios de los testigos anglosajones, el número de bajas enemigas osciló entre 20.000 y 30.000 muertos. Las fuentes inglesas señalan que Hugo Quiéret murió en combate, mientras que Béhucet fue colgado del palo mayor por orden de Eduardo.

Batalla de Cadzand

Librada en el año 1337, la batalla de Cadzand fue la primera batalla de la Guerra de los Cien Años. En la misma se enfrentaron fuerzas inglesas con flamencas. Comenzó con un asalto inglés a la isla flamenca de Cadzand, lo que provocó el contraataque de los flamencos que pusieron en el campo de batalla a toda su guarnición. El resultado de este enfrentamiento fue una victoria inglesa, que reforzó la moral de las tropas mientras el rey Eduardo III consiguió el reconocimiento y el respeto de sus aliados, que necesitaba para comenzar su particular guerra contra Francia.

El monarca inglés necesitaba una decisiva victoria antes de avanzar hacia Francia que levantara la moral no sólo de las tropas, sino también de un país en crisis. Para ello, mandó a Walter Manny que liderara la vanguardia de su ejército que aguardaba órdenes en Hainaut y que asaltara, con una pequeña flota, la isla de Cadzand, por aquel entonces territorio de Flandes una especie de estado autónomo de Francia.

Enrique III y los Estatutos de Oxford

Enrique III (1207-1272) fue un monarca inglés que sucedió a su padre Juan Sin Tierra en el año 1216, gobernando hasta 1272. Los barones y caballeros ingleses lo obligaron a firmar en 1259 un documento político conocido como Estatutos de Oxford.

Enrique III no cumplió las disposiciones de la Carta Magna, y gravó a los ingleses con numerosos impuestos para sostener sus fracasadas luchas contra Francia. Los barones se hicieron eco del descontento popular y acaudillados por Simón de Montfort obligaron al monarca a firmar un nuevo compromiso, los Estatutos o Providencias de Oxford en 1259. En el mismo se establecía que el Consejo del Reino, llamado Parlamento, debía reunirse como mínimo tres veces durante el año. Sus integrantes designaban a los barones que constituían el Consejo Privado del Rey, los que a su vez asesoraban al monarca.

De tal manera, Inglaterra se transformó de hecho en una monarquía dirigida por la nobleza, cuyo principal personaje no fue el rey, sino el caballero de Montfort, que dominaba todos los resortes del gobierno. Sin embargo Enrique III tampoco respetó las disposiciones de los Estatutos de Oxford y entonces Montford derrotó al rey en la batalla de Lewes en 1264 y lo tomó prisionero. El vencedor convocó en 1265 a una asamblea, la que puede ser considerada el primer parlamento inglés, pues además de los barones y del clero, concurrieron dos burgueses por ciudad y dos caballeros por condado.

A pesar de la convocatoria del Parlamento, Montford contó con pocas simpatías, situación que aprovechó el principe Eduardo, hijo del rey cautivo, para organizar un ejército y derrotarlo en la batalla de Evesham. Sin embargo, Enrique III, una vez restablecido en el trono, no se atrevió a suprimir los derechos conquistados por los señores. Cuando le sucedió su hijo Eduardo en 1272, éste dió un paso más para asegurar las libertades públicas cuando estableció que el rey debía consultar al Parlamento cada vez que la situación lo requiriera. Posteriormente tuvieron representantes todas las clases sociales y entonces surgieron las dos cámaras del Parlamento inglés: la Cámara de los Lores, integrada por los señores y obispos, y la Cámara de los Comunes, por los caballeros y burgueses.

Carta Magna

La Carta Magna fue un conjunto de disposiciones enumeradas en 63 artículos que aseguraban las libertades fundamentales del pueblo inglés. Este documento fue impuesto por los caballeros ingleses al rey Juan I de Inglaterra en el 15 de junio de 1215. La Carta Magna establecía que ningun ciudadano podía ser detenido o reducido a prisión, sino en virtud de una sentencia previa redactada por sus pares, o jueces de su misma clase social. La Carta Magna también establecía que el rey no podía imponer ningun impuesto a sus súbditos sin la aprobación del Gran Consejo del Reino integrado por condes, barones, arzobispos y obispos. El rey debía respetar los derecho de la Iglesia y establecer en todo el territorio la libertad de comercio. Veinticinco señores debían integrar un Comité de Vigilancia encargado del cumplimiento de todas las disposiciones.

El nombre en latín de la Carta Magna era Magna Carta Libertatum, la cual había sido impuesto luego de una gran sublevación del pueblo inglés que agrupaban a señores nobles y a la Iglesia, luego de muchos abusos cometidos por Juan Sin Tierra, un soberano que se había vuelto muy impopular, especialmente luego de perder la Normandía y Anjou en su guerra contra Francia. La Carta Magna fue el primer antecedente donde se le puso límite al poder del rey.

Juan I Sin Tierra

Juan I Sin Tierra (1166-1216) sucedió a su hermano Ricardo I Corazón de León en el trono de Inglaterra luego de la muerte de este en el año 1199, reinando hasta octubre de 1216. Perteneció a la dinastía Plantagenet iniciada por su padre Enrique II. Juan nació en el Palacio de Beaumont, Oxford, el 24 de diciembre de 1166; fue el quinto hijo varón del rey Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania. Su madre fue encarcelada en 1173 cuando Juan solo tenía siete años.

Por ser el hermano menor, Juan no esperaba heredar. Sin embargo, desde muy joven intrigó para perjudicar a su hermano mayor Ricardo y ser nombrado heredero del trono. Pero no ocurrió así, ya que su hermano Ricardo, el preferido de su madre Leonor, logró suceder a su padre en el trono a su muerte en julio de 1189. Juan Sin Tierra se convirtió en un hombre hipócrita y calculador. Durante la ausencia de su hermano Ricardo, que había partido a la Tercera Cruzada entre 1190 y 1194, Juan intentó derrocar a Guillermo Longchamp, obispo de Ely y designado como regente por Ricardo.

Cuando Ricardo murió en 1199, Juan no ganó inmediatamente el reconocimiento de todos como rey. Alguien con mayores derechos, su sobrino Arturo I, duque de Bretaña, fue reconocido por algunos, ya que Ricardo lo había nombrado su heredero antes de morir. Arturo luchó contra su tío por el trono, con el apoyo del rey Felipe II de Francia. Sin embargo las fuerzas de Juan derrotaron a su sobrino y pudo proclamarse soberano indiscutido.

Enemigo del rey de Francia, Felipe Augusto, Juan I fue a su vez derrotado en la batalla de Bouvines en el año 1214 y en consecuencia perdió las poseciones de Normandía y Anjou. Par el colmo de desgracia, Juan Sin Tierra fue excomulgado por el Pontífice Inocencio III, pues no aceptó el candidato de la Santa Sede para el cargo de arzobispo de Canterbury. Luego se humilló ante el Papa y se declaró su vasallo.

El pueblo de Inglaterra se sublevó contra Juan I y una poderosa coalición de civiles y eclesiáticos se apoderó de Londres el 24 de mayo de 1215. Sólo siete caballeros permanecieron fieles a Juan, quien fue obligado por los amotinados a jurar el 15 de junio la Carta Magna, o conjunto de disposiciones que aseguraban las libertades fundamentales y ratificaban muchos privilegios, que ya gozaban la nobleza feudal y la Iglesia en Inglaterra.

A la muerte de Juan en 1216, le sucedió su hijo Enrique, que ciñó la corona como Enrique III.

Ricardo I Corazón de León

Ricardo I Corazón de León (1157-1199) fue rey de Inglaterra de la dinastía plantagenet, gobernando entre los años 1189 y 1199. Ricardo sucedió en el trono inglés a su padre Enrique II. También fue duque de Normandía y duque de Aquitania. Residió en Inglaterra solo pocos meses de su reinado, pues dedicó diez años a emprender campañas militares fuera de su país, siendo la más importante la Tercera Cruzada. En 1192, Ricardo Corazón de León llegó a conquistar Acre, Palestina, que había caído nuevamente en manos musulmana. Posteriormente pasó un período de cautiverio, arrestado por Leopoldo V, duque de Austria. Ricardo I se casó en la ciudad de Limassol, el 12 de mayo de 1191, con Berenguela de Navarra, primera hija del rey Sancho VI de Navarra. Ricardo I pereció en Normandía en 1199 mientras sitiaba un castillo. Como no tuvo hijo legítimo, le sucedió su hermano Juan.

Enrique II Plantagenet

Los Plantagenet fue una dinastía reinante que gobernó Inglaterra entre los años 1154 y 1399, durante la Edad Media. Comienza en el 1154 con Enrique II, hijo de la reina Matilde (quien a su vez era nieta de Guillermo I el Conquistador) y el conde francés Godofredo Plantagenet, representante de la casa de Anjou. Además del territorio inglés, Enrique II dominaba toda la región occidental de Francia hasta los Pirineos.

Antecedentes

A Guillermo I le había sucedido su hijo Gillermo II el Rojo, que luego de un gobierno mediocre pereció asesinado en 1100. Entonces ocupó el trono su hermano Enrique I, soberano que logró el favor popular eliminando rencores entre anglosajones y normandos. A su muerte, había heredado la corona su hija Matilde, quien casóse con el conde francés Godofredo Plantagenet, de la Casa de Anjou. Sin embargo, Matilde no pudo gobernar porque las ambiciones de su primo Esteban de Blois originaron diversas luchas. Finalmente, de acuerdo al Tratado de Wallingford de 1153, ocupó el trono de Inglaterra el hijo de Matilde, Enrique.

Gobierno

Enrique Plantagenet trató de restringir la libertad de la Iglesia cuando promulgó las Constituciones de Clarendón en 164, que limitaban los privilegios del clero. Tomás Becker, arzobispo de Canterbury, se opuso tenazmente, pero fue asesinado por orden del rey. Estos incidentes desprestigiaron a Enrique II. Enrique II estableció cortes en varias partes de Inglaterra y fue el primero en instituir la práctica real de otorgar a los magistrados el poder de tomar decisiones legales sobre un amplio rango de materias civiles en nombre de la Corona. Durante su reinado, se produjo el primer texto legal escrito que sienta las bases de lo que hoy es la Ley Común, en inglés "Common Law". Mediante la Corte Criminal de Clarendon (1166), el juicio con jurado se convirtió en norma.

A Enrique II le sucedió su hijo Ricardo, llamado Corazón de León por su valentía.

Felipe IV el Hermoso de Francia

Felipe IV, el Hermoso (1268-1314), fue un rey de Francia de la Edad Media. Sucedió a su padre Felipe III y reinó entre los años 1285 y 1314. Fue el tercer gran monarca de la dinastía de los Capetos inaugurada por Hugo Capeto en 987. Aunque pérfido y déspota con sus súbditos y enemigos, Felipe IV extendió las fronteras y el poderío de Francia. Aconsejado por los legistas, eruditos versados en el antiguo derecho romano, Felipe el Hermoso transformó la monarquía feudal en absoluta y acrecentó la autoridad real por medio de impuestos y asambleas.

Hasta esa época era común que los monarcas solventaran con su propio peculio todos los gastos de la corte, inclusive los del ejército. Felipe IV estableció un impuesto llamado "ayudas de la hueste", destinado al mejoramiento del ejército y que debían abonar sus integrantes. Posteriormente estableció otros grabámenes que recaían sobre los pobladores y que estaban destinados a engrosar las arcas de la Hacienda del Estado. Luego impuso un nuevo grabámen pero esta vez al clero francés que equivalía a la mitad de sus ingresos anuales, lo que provocó la reacción del Pontífice.

En el transcurso de las luchas que sostuvo contra el Papa Bonifacio VIII, Felipe IV convocó asambleas periódicas con representantes de los tres estados de la nación: clero, nobleza y burguesía, que recibieron el nombre de Estados Generales; la primera reunión asamblea de los tres estados tuvo lugar en el año 1302. En materia judicial, reorganizó el tribunal de justicia llamado parlamento.

Felipe el Hermoso codiciaba las riquezas de la Orden religioso-militar de los Templarios, y por eso acusó a sus integrantes de herejes y los culpó de diversos crímenes que no habían cometido. El Pontífice Clemente IV accedió a disolver la Orden, y entonces el monarca francés se apropió de los bienes de la Orden y condenó a muerte a sus dirigentes.

Prosiguiendo las luchas expansivas iniciada por otros Capetos, Felipe IV tomó la Aquitania, y Eduardo I de Inglaterra anexó la región de Flandes y llegó con sus tropas hasta las proximidades del Rin. Luego de la muerte de Felipe el Hermoso en 1314, la dinastía Capeta prosiguió con Luis X, Felipe V, y se extinguió con Carlos IV, soberanos mediocres que no alcanzaron mayor relieve.




Felipe III el Atrevido (Francia)

Felipe III, el Atrevido, de Francia (1245 – 1285) fue rey de Francia entre 1270 y 1285. Nació el 30 de abril de 1245 en la ciudad de Poissy. Perteneciente a la dinastía de los Capetos, Felipe III fue hijo de Luis IX, el Santo, a quien sucedió en el trono en 1270, y de Margarita de Provenza.

Antes de ser rey Felipe tenía el título de Conde de Orleáns y acompañó a su padre en la Octava Cruzada contra Túnez en 1270, en la que pereció el rey. Fue gobernante piadoso como su padre, pero no un político con grandes habilidades, y su apodo se debió más a su actitud en el arte de la guerra, estando siempre influido por importantes miembros de su familia, como sus tíos el Conde de Toulouse y el Rey de Sicilia. En 1271 su esposa, la reina Isabel falleció víctima de una caída de caballo en la ciudad de Cosenza, Italia, al regreso de las Cruzadas. En 1274, Felipe III contrajo matrimonio nuevamente con María de Brabante. De este matrimonio nacieron otros tres hijos: Margarita de Francia (1275–1317), Reina de Inglaterra; Luis de Francia (1276–1319), Conde de Évreux; Blanca de Francia (1278–1305).

En 1283, Felipe III apoyó a su tío Carlos I de Sicilia en la guerra que sostenía contra Pedro III de Aragón, antiguo cuñado de Felipe, invadiendo Cataluña con seis cuerpos de ejército. También intervino directamente en la guerra de sucesión de Navarra. Dio asilo a la reina viuda Blanca de Artois, prima suya, y a la pequeña reina Juana I de Navarra, con quien más tarde casó a su hijo Felipe, futuro Felipe IV de Francia, que por el matrimonio se convirtió primero en Felipe I de Navarra. Como consecuencia de una peste que afectó a su diezmado ejército durante la guerra contra Aragón, Felipe III falleció el 26 de junio de 1285 en la ciudad mallorquina de Perpiñán. Fue sucedido por su hijo el rey de Navarra.

Luis IX el Santo

Luis IX el Santo (1214-1270) subió al trono de Francia en 1226, a los doce años de edad, y hasta su mayoría de edad estuvo bajo la tutela de su madre, Blanca de Castilla, quien le suministró una esmerada educación. Luis IX de Francia era un monarca (de la dinastía de los Capetos) que se destacó por su piedad y sentido de justicia. Llevaba una vida austera que ajustaba a las enseñanzas del Evangelio. Ayunaba en exceso, atendía a los leprosos, lavaba los pies a los pobres y daba diariamente alimentos a numerosos necesitados. Fundó monasterios, hospitales e iglesias, entre ellas la Santa Capilla de Paris, joya del estilo gótico.

San Luis administró una justicia clemente, pero nunca fue débil con los díscolos señores feudales, a quienes reprimió en sus excesos. Amante de la paz, llegó a un acuerdo con los Plantagenet y firmó con el monarca inglés Enrique III un tratado, por el cual devolvió al monarca inglés, por considerarlo justo, Aquitania y Guyena. Por su parte la corona inglesa renunciaba definitivamente a recuperar los territorios perdido por Juan Sin Tierra.

Fueron tan grandes el prestigio y la sabiduría de Luis IX, que muchos príncipes europeos recurrieron a su arbitraje para solucionar sus litigios. Por su piedad, talento y habilidad diplomática, este monarca excepcional elevó el trono de Francia a su mayor esplendor.

Cumpliendo con una promesa que había hecho durante una enfermedad, Luis IX encabezó la séptima y octaba Cruzadas contra los musulmanes. En esta última expedición, pereció frente a los muros de Tunez en 1270. Por sus méritos excepcionales fue santificado en 1297. Le sucedió su hijo Felipe III en 1270, quien gobernó hasta 1285; éste luchó contra los aragoneses para apoderarse del reino de Sicilia. Luego ocupó el trono de Francia Felipe IV.

Felipe II de Francia

Felipe II Augusto (1165-1223) fue rey de Francia de la dinastía de los Capetos. Reinó entre los años 1180 y 1223. Nació en Gonesse, Francia, el 21 de agosto de 1165. Fue hijo de Luis VII, a quien heredó el trono. Felipe II fue un soberano inteligente y hábil. Para ensanchar sus dominios favoreció las discordias que agitaban en la familia real inglesa que tenía territorios en Francia. No obtuvo mayores resultados en sus luchas contra Enrique II y Ricardo Corazón de León, pero si logró su propósito con Juan sin Tierra.

Este monarca inglés subió al trono usurpándoselo al príncipe Arturo que era el justo sucesor, y a quien mató a puñaladas. Felipe II sostenía los derechos del príncipe y al enterarse del crímen, citó al asesino ante su tribunal; como Juan no concurrió, fue declarado felón y condenado a la pérdida de sus dominios en Francia. De tal manera, en 1208 Felipe ocupó Normandía, Anjou y Turena.

Luego del fracaso, Juan sin Tierra pretendió recuperar sus dominios y su prestigio. A los pocos años se formó una coalición contra Felipe Augusto, en la cual entraron el Emperador de Alemania Otón IV y algunos condes franceses. El choque de los dos fuerzas antagónicas se produjo al norte de Francia (hoy actual Bélgica), cerca del puente de Bouvines y allí Felipe II derrotó a sus adversarios en 1214, consolidando de esta manera sus conquistas.

Dedicado por entero a guerrear contra los ingleses, Felipe Augusto no tomó parte en la cuarta cruzada, ni tampoco participó en la sangrienta lucha contra los albigenses que encabezó Simón de Montfort. A la muerte de Felipe II ocupó el trono su hijo Luis VIII en 1223. Desaparecido este monarca, ciñó la corona Luis IX, el Santo, hijo del anterior.




Conquista normanda de Inglaterra

La conquista normanda de Inglaterra se inició en el año 1066, con el desembarco en el sur de ese país de Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, al frente de un ejército de unos ocho mil hombres. La conquista se afianzaría luego de su victoria sobre el rey sajón Haroldo en la batalla de Hastings, que tuvo lugar el 14 de octubre de ese año. El jefe normando fue coronado rey con el nombre de Guillermo I, quien impuso la autoridad de la nueva dinastía normanda y repartió las tierras entre sus oficiales y soldados.

Antecedentes

En el siglo V, los sajones y los anglos se establecieron en Inglaterra y unieron sus siete reinos en una confederación llamada Heptarquía Anglosajona. La debilidad de los monarcas favoreció la invasión de los vikingos daneses que se radicaron en la islas británicas. El primer rey danés de Inglaterra fue Canuto el Grande (1017-1035), quien también gobernaba Dinamarca, Suecia y Noruega. Este monarca trató bien a sus súbditos, eliminó los rencores entre vencedores y vencidos y logró fusionar a los anglosajones con los daneses.

Cuando murieron los hijos de Canuto, los anglosajones recuperaron nuevamente el poder, al ocupar el trono Eduardo III, el Confesor (1041-1066), quien era muy inclinado a las costumbres francesas, pues había residido muchos años en Normandía. A su muerte, los anglosajones coronaron a Haroldo, pero Guillermo, duque de Normandía, que contaba con el apoyo del Pontífice Alejandro II, reclamó el trono de Inglaterra. El jefe normando alegaba que su primo Eduardo el Confesor, quien no tenía sucesores, le había prometido el trono en el transcurso de un viaje efectuado anteriormente a Inglaterra. El pretendiente normando consultó al Papa quien le dió la razón y excomulgó a Haroldo.

Conquista

Gullermo, el Conquistador, con la ayuda de su medio hermano Odo de Bayeux, equipó una poderosa flota de unas 600 naves y luego de desembarcar en el sur de Inglaterra, derrotó en la batalla de Hastings el 14 de octubre de 1066 al rey sajón Haroldo, quien pereció en la batalla. Luego de la victoria, el jefe normando marchó a Londres donde fue reconocido rey con el nombre de Guillermo I. Guillermo aplastó cualquier resistencia hasta llegar a Londres, donde se coronó rey de Inglaterra el día de Navidad de 1066 en la Abadía de Westminster. La mayoría de los reyes ingleses y luego británicos han continuado esta tradición.

Durante los nueve años siguientes, Inglaterra, especialmente en el norte y centro, fue devastada por las guerras entre los normandos de Guillermo y los sajones, apoyados esta vez por los daneses, los que habían sido sus enemigos. Finalmente, luego de feroces combates, el ahora rey Guillermo I completó la conquista de Inglaterra, haciendose con el control absoluto del reino e introduciendo numerosas reformas en las islas, a imagen y semejanza de las que imperaban por entonces en Francia.

El nuevo soberano impuso un régimen feudal de carácter militar, y previno hábilmente cualquier sublevación, dividiendo el territorio en unos setenta mil pequeños feudos, sujetos a su autoridad. Guillermo reunió una asamblea en la ciudad de Salisbury y en ella se hizo jurar fidelidad por todos los señores y vasallos en el año 1086. También ordenó un inventario de bienes y rentas que fue registrado en un pergamino llamado Domesday Book, algunos de cuyos fragmentos se conservan. Los feudos carecían de independencia porque estaban agrupados en grandes condados gobernados por un sheriff, funcionario que respondía al rey.

Batalla de Hastings

La batalla de Hastings tuvo lugar el 14 de octubre de 1066, en la colina Senlac, cerca del pueblo de Hastings, sur de Inglaterra. Fue librada entre el ejército de Guillermo el Conquistador, Duque de Normandía, y las fuerzas del rey sajón Haroldo II, quien murió en el transcurso de la batalla. La infantería de Haroldo nada pudo hacer contra la caballería normanda. Luego de varias horas de feroz combate, el jefe normando obtuvo una decisiva victoria sobre el ejército sajón y el control de toda Inglaterra, coronándose nuevo rey de Inglaterra como Guillermo I, quien había desembarcado en el sur de la isla reclamando el trono. El argumento principal esgrimido por el Duque de Normandía fue que el monarca antecesor de Haroldo, Eduardo el Confesor, le había prometido la corona de Inglaterra cuando éste se encontraba en exilio en Normandía, Francia.

El armas principales de los sajones de Haroldo utilizadas en la batalla de Hastings fue el hacha danesa de mango largo y las javalinas, y estaban protegidos por mallas metálicas, cascos de hierro de forma cónica y escudos ovoides de forma de barrilete. Las armas principales del ejército normando eran las espadas largas, lanzas, y el arco largo para ablandar las filas enemigas con lluvias de flechas, previo a las primeras cargas.

Resumen de la batalla de Hastings

Guillermo confió sus tácticas básicas con los arqueros en el frente para debilitar al enemigo con una intensa lluvia de flechas, seguidos por la infantería, la cual se enfrentaría con los sajones en combate cerrado. Luego seguiría una carga de la caballería que perforaría las filas inglesas. Sin embargo, su estrategia no funcionó como la había planeado.

La batalla de Hastings se inició cuando el ejército de Guillermo atacó al de Haroldo tan pronto cuando éstos habían formado filas sobre la colina de Senlac. Los arqueros normando lanzaron varias andanadas de flechas, pero estas no tuvieron mucho efecto en las filas enemigas, ya que la infantería sajona formaron una pared con sus escudos alargados. Creyendo que la lluvia de flechas había ablandado a la infantería enemiga, Guillermo lanzó a su infantería al ataque. Mientras las tropas de a pie normanda cargaban cuesta arriba de la colina, los ingleses les arrojaban todo lo que tenían, desde piedra hasta javalinas y flechas, lo que causó grandes bajas en la infantería normanda. Cuando la infantería de Guillermo pudo llegar a la cima, éstos se enfrentaron en encarnizado combate cuerpo a cuerpo con los ingleses. Sin embargo esta carga de sus soldados de a pie fracasó en diezmar a la infantería sajona.

Ante el fracaso de su infantería, Guillermo decidió recurrir a la caballería pesada mandada por él mismo y su medio hermano Odo de Bayeux. Los huscarles de Harold se protegieron de nuevo tras sus grandes escudos ovoides, mientras golpeaban con sus hachas de guerra a los caballeros normandos y sus aliados. Esta peculiar forma de guerrear terminó con otro nuevo fracaso para los normandos, poco acostumbrados a ella, aunque los sajones sufrieron esta vez bastantes bajas. La caballería normanda momentaneamente se encontró en serios problemas cuando Guillermo fue derribado de su caballo. Sin embargo sus hombres lo ayudaron a montar nuevamente.

A media tarde los normandos decidieron cambiar de táctica y un cuerpo de caballería logró deslizarse entre el arroyo de Asten y las filas sajonas. Sorprendió entonces a otro grupo de Fyrdmen sajón por detrás y los aniquiló fácilmente, retornando luego a sus posiciones anteriores tras la infantería y los arqueros. Mientras esto sucedía, la infantería avanzó nuevamente para atacar una vez más a los huscarles y milicianos ingleses. Tras una carga que provocó bastantes bajas en ambos lados, los arqueros normandos lanzaron una nueva lluvia de flechas sobre los sajones, que se vieron obligados a pelear con los escudos levantados. La infantería normanda volvió a atacar protegida con la lluvia de flechas. Este ataque combinado causó bajas catastróficas entre los sajones: los que no caían por los espadazos normandos, lo hacían bajo el impacto de sus flechas.

En una última carga, la caballería normanda avanzó rápidamente y cercó a los huscarles sajones, quienes fueron masacrados. Entre ellos cayó el rey Harold II, herido mortalmente entre los ojos por una flecha enemiga. Los pocos soldados sajones que quedaban en pie abandonaron apresuradamente el campo de batalla y se dispersaron, ocultándose en el bosque cercano. Durante el resto del día y en los sucesivos hubo escaramuzas entre los sajones sobrevivientes y las tropas normandas, que fueron enviadas a asegurar los bosques de los alrededores. La batalla había finalizado con una indiscutible victoria normanda.




Guillermo I el Conquistador

Guillermo I el Conquistador fue el primer rey normando de Inglaterra. Derrotó al rey sajón Harold en la batalla de Hastings en 1066, invadiendo Inglaterra e iniciando la dinastía normanda. También fue duque de Normandía a partir de 1035. Ante de la conquista de Inglaterra se lo conocía como Guillermo el Bastardo, por haber nacido hijo ilegítimo. Guillermo nació en el año 1028, en Falaise, Normandía Francia. Su padre era Roberto I el Diablo y su madre, una humilde aldeana, Arlette de Falaise. Guillermo se casó en 1052 con Matilde de Flandes, hija de Balduino V de Lille, conde de Flandes, y de Adela de Francia, condesa de Corbi. De este matrimonio nacieron once hijos.

A la muerte del rey inglés Eduardo el Confesor en 1066, se disputaron el trono de Inglaterra tres pretendientes: Guillermo; Haroldo Godwinson, Conde de Wessex; y el rey vikingo Harald III de Noruega. Guillermo argumentaba que Eduardo, quien había pasado mucho tiempo de su vida en exilio en Normandía durante la ocupación danesa de Inglaterra, le había prometido el trono en 1052. También Guillermo sostenía que Haroldo le había jurado lealtad cuando éste lo armó caballero; Guillermo lo había rescatado de un naufragio y juntos habían derrotado a Conan II, Duque de Britania. Sin embargo, Haroldo de Wessex también se postuló como próximo rey de Inglaterra. Al existir varios pretendientes al trono, entre ellos, Guillermo de Normandía, el Witan, que era el consejo del rey durante la Inglaterra anglosajona, nombró a Haroldo como monarca. Cuando Guillermo tuvo conocimiento de esto, envió una carta a Haroldo reclamando el trono. Sin embargo, Haroldo contestó que había sido elegido por el Witam y que conservaría el reino.

Antes de enfrentarse con Guillermo, Haroldo de Inglaterra debió luchar contra el pretendiente Noruego Harald III Hardraade. El rey inglés consiguió derrotarlo en septiembre de 1066 en Stamford Bridge. Sin embargo, Guillermo el Conquistador, que había desembarcado con un poderoso ejército de unos ocho mil hombres, lo derrotó totalmente en la batalla de Hastings en octubre de 1066. Luego Guillermo se proclamó rey de Inglaterra e inauguró la dinastía normanda.

El gobierno de Guillermo I de Inglaterra trajo nuevas leyes. En 1070 mandó construir la Torre de Londres, donde se acuñaría y se hacía justicia. Durante los últimos años de su vida tuvo que padecer amargas querellas familiares, pero el que le dio el golpe de gracia fue su hijo mayor, Roberto, al haberse rebelado contra él después de que Guillermo le negara el ducado de Normandía, y que la propia reina Matilde se uniera con el rebelde en su contra. Guillermo cayó de su caballo durante la lucha, lo que provocó su muerte, el 9 de septiembre de 1087, cerca de la población francesa de Ruán. Guillermo, en su lecho de muerte, terminó cediendo los estados a los dos hijos mayores: Normandía para Roberto, y Guillermo el Rojo, heredó Inglaterra.

Hugo Capeto

Hugo Capeto (940-996) fue duque de los Francos entre 960 y 987, y luego rey de Francia entre 987 y 996. Inauguró el período dinástico de los Capetos. Fue hijo Hugo el Grande, duque de Francia y conde de Paris, y de su esposa Hedwige de Sajonia.

En 960, Hugo Capeto heredó el título de duque de los francos obtenido por su padre a cambio de la concesión de la corona a Luis IV de Ultramar. Pero, antes de lograr el poder, debió liberarse de la tutela de los otonianos y eliminar a los últimos carolingios. Con el apoyo de la Iglesia, y en particular del obispo Adalbéron de Reims y de Gerberto de Aurillac, ambos próximos a la corte otoniana, sería finalmente elegido y consagrado Rey de los francos en 987.

Hugo Capeto, como sus predecesores, se hace llamar "rex Francorum" (rey de los francos) y no "rey de Francia", lo que significa que se siente más bien soberano de un pueblo, los francos (los hombres libres), que de un territorio. Bien entendido, estos vínculos no descansan sobre una presencia física que haría conocer al rey en el conjunto del reino. Es incluso posible que el primer Capeto se desinterese progresivamente del sur del reino ya que las abadías no apelan a él para la confirmación de sus bienes. En efecto, desde mediados del siglo X, los condados creados en tiempos de los Carolingios se fueron independizando progresivamente ante la debilidad del poder real. Los más poderosos de entre ellos se localizaban en los márgenes del reino.

Los historiadores se han preguntado durante mucho tiempo por qué Hugo solo había recuperado, tras su coronación, un minúsculo territorio que iba a constituir el dominio real. Parece que su elección había sido más un reconocimiento afectivo que un reconocimiento de su poder frente a los grandes señores. En efecto, sus vecinos más cercanos (el duque de Normandía o el conde de Anjou) son más ricos que él en tierras y en hombres. Las posesiones del nuevo rey se reducían a trozos del antiguo ducado robertiniano, antaño consolidado por su padre. Estas amputaciones no se deben en absoluto a pérdidas territoriales ligadas a la reclamación de un hermano menor del rey.

Decadencia del Feudalismo

El régimen feudal había provocado la desintegración polítical y territorial de Europa en pequeños Estados, gobernados por los nobles feudales. Sin embargo, a fines del siglo XIII, comenzó la decadencia del feudalismo, primero en Francia, Inglaterra y España, y luego en Alemania e Italia. Para fines del año 1500 ya se había extinguido totalmente en Europa Occidental. Entre las causas que provocaron la decadencia del feudalismo pueden mencionarse: A) el desarrollo económico de los siglos XI, XII, y XIII que hizo posible el surgimiento de la burguesía, quienes apoyaron a los monarcas en sus luchas contra los poderosos señores feudales; B) la consolidación del poder real y unificación de los territorios fragmentados bajo una corona, consolidando el concepto de Nación; C) la creación de ejércitos profesionales que incorporaron a muchos siervos como soldados mercenarios, lo que debilitó el prestigio y poder de los caballeros mediaveles; D) la llamada Guerra de los Cien Años que originó períodos de caos y que precipitó la decadencia de muchos señores feudales.

La decadencia del feudalismo y el surgimiento de la burguesía favorecieron la progresiva consolidación del poder real. Los burgueses de las nuevas ciudades emergentes, enfrentados con los nobles, apoyaron militar y económicamente a los reyes con el propósito de asegurar el orden y la unificación política y territorial, factores de suma importancia para el desarrollo de las actividades económicas. De esta manera, los señores feudales perdieron mucho poder y privilegios, mientras que la monarquía consolidaba el suyo y el carácter absolutista del mismo.

Sobre la base de los territorios feudales, unidos por semejanzas raciales, idiomáticas, culturales y religiosas, se fueron configurando las naciones o Estados, gobernadas ahora por un rey. La idea de la nacionalidad no se desarrolló de igual manera en los diversos reinos y señoríos europeos, pues en Francias, Inglaterra, España y Portugal se consolidó con mayor rapidez que en Italia y Alemania.

Los Capetos

Los Capetos fue una dinastía monárquica que reinó en Francia en la Edad Media. Se inició con Hugo Capeto en 987 y se extinguió con Carlos IV en el año 1328.

El Tratado de Verdún, firmado en agosto de 843, había dividido el Imperio Carolingio en tres reinos independientes. Uno de ellos era Francia, adjudicado a Carlos el Calvo, nieto de Carlomagno. La ineptitud de los sucesores de este monarca y el triunfo de los invasores normando en épocas de Carlos el Simple debilitaron la autoridad real y consolidaron el creciente poder de los señores feudales. El último monarca carolingio fue Luis V quien falleció sin dejar herederos. Entonces los señores feudales eligieron a Hugo Capeto, conde de Paris, rey de Francia, quien ciñó la corona en 987. A partir de esos momentos, la dinastía, que anteriormente era electiva, volvió a ser hereditaria y sus reyes reinaron sin interrupción hasta el año 1328. Aunque aparentemente dueño de todos los fuedos, el dominio real de Hugo Capeto no sobrepasó la zona de Paris y sus alrededores, llamados "isla de Francia". Los monarcas Capetos trataron de aumentar los dominios de la corona e imponer su autoridad a los señores feudales.

Entre aquellos podemos citar a Luis VII (1137-1180), que extendió las fronteras al casarse con Leonor, la heredera de Aquitania. Sin embargo, la corona perdió ese ducado cuando se produjo la separación de los cónyuges. La situación empeoró al contraer Leonor nuevo matrimonio con Enrique II Plantagenet, rey de Inglaterra, y que también dominaba en territorio francés los ducados de Anjou y Normandía. Esta rivalidad entre los Plantagenet, de Inglaterra, dueños de extensas posesiones en Francia, y los Capetos, que ambicionaban todo el territorio, originó en el año 1154 una guerra que duró más de un siglo y que es conocida como la Guerra de los Cien Años.

Comisiones o comités de seguridad industrial y la prevención de accidentes (Parte II)

Comisiones o comités de seguridad industrial y la prevención de accidentes (Parte II)

Es también importante señalar que por lo general, los trabajadores de planta, aceptan con mayor facilidad nuevas políticas y procedimientos si se trata de propuestas de sus mismos compañeros. Otra ventaja adicional es la de exposición.

Es inevitable que tarde o temprano, a todos los trabajadores les tocará formar parte de las comisiones o comités de seguridad industrial, lo que hace que el programa de seguridad e higiene industrial sea producto de la participación de toda la planta.

En algunos casos, los trabajadores no son sensibles a los riesgos de seguridad y de salud ocupacional, hasta que les toca desempeñarse en la comisión de seguridad e higiene industrial. De esta manera, la comisión o comité de seguridad e higiene industrial, se convierte en un excelente medio de capacitación al respecto.

Por otra parte, es importante mencionar que a pesar de sus ventajas, también se pueden presentar problemas en las propuestas de los las comisiones o comités de seguridad industrial. Es deber del gerente de seguridad e higiene industrial proveer los recursos y orientación necesaria, de tal manera que se tengan las herramientas y conocimientos necesarios para el buen funcionamiento del comité de seguridad e higiene.

De no hacer lo anterior, es posible que en algunos casos la comisión realice sugerencias poco ubicadas y llegue a desmotivarse si la dirección no aprueba o no coopera con el apoyo financiero requerido. Es necesario que orientar a los miembros del comité en el sentido de que se comprenda que el objetivo de su trabajo es eliminar riesgos reconocidos e irracionales, y no así la totalidad de los mismos.

Los Habsburgo

Los Habsburgo fue una de las dinastías reinante más importante de Europa, gobernando entre los años 1273 y 1740 los destinos de Alemania, el Sacro Imperio Romano Germánico y España (desde 1519). La familia real de los Habsburgo es originaria de Suiza, siendo su progenitor más antiguo Guntram el Rico, quien vivió en el siglo X; su nieto Radbot, conde de Habsburgo, hizo construir y fundó el castillo de Habsburgo, ubicado en el cantón suizo de Aargau. En Alemania, la dinastía reinante se inició con Rodolfo, quien ciñó la corona en 1273 como Rodolf I de Alemania. Sin embargo, el monarca más destacado, por el poderío de sus ejércitos y la extensión de sus territorios, fue Carlos V, Emperador del Sacro Imperior Romano Germánico, y rey de España como Carlos I. Este monarca fue hijo de Juana la Loca y Felipe I el Hermoso, Conde de Habsburgo y Duque de Borgoña.

Caballeros Teutónicos

La Orden de los Caballeros Teutónicos fue una orden religioso-militar fundada en el año 1190 en Palestina durante la Tercera Cruzada. Fue creada durante el sitio a la fortaleza de San Juan de Acre por nobles guerreros alemanes, quienes habían formado parte del ejército de Federico I Barbarroja que se había muerto ahogado cruzando un río. cuando se la fundó la Orden de los Teutones fue solamente una organización caritativa que ayudaba a los peregrinos cristianos, pero luego fue reorganizada como orden militar dos años más tarde, obteniendo el reconocimiento oficial del papa Inocencio III como tal en 1198. La Orden estaba comandada por un Gran Maestre.

En 1220 los Caballeros Teutónicos establecen su cuartel general en la fortaleza de Monfort, Palestina, que se convirtió en la sede de los "Gran Maestre" de la Orden Teutónica en 1229. Allí, los Teutones germánicos lucharon ferozmente contra los constantes ataques de los islámicos, que generalmente los superaban ampliamente en numéricamente. Sin embargo, escasos en número y sin poder recibir refuerzos ni suministros, los Caballeros Teutónicos se vieron obligados abandonar Jerusalen en 1291 ante una nueva ola invasora musulmana. Los Caballeros de la Orden Teutónica se trasladaron a Transilvania (donde construyeron el Castillo de Bran) hasta su expulsión en 1325 por el rey Andrés II de Hungría.

Luego de luchar ferozmente y derrotar a gran parte de los prusianos en el mar Báltico, los Teutones se establecieron definitivamente en Prusia creando un Estado de la Orden Teutónica independiente, desde el que lanzaron campañas contra el Reino de Polonia, el Ducado de Lituania y contra otros pueblos no cristianizados, proceso que se conoció como las Cruzadas Bálticas. El Emperador Federico II Hohenstaufen otorgó a los teutones todos los privilegios de los príncipes del Imperio, como el derecho de soberanía sobre los territorios conquistados. A finales del siglo XIV, la orden alcanzó el apogeo de su poder gracias a una potente economía urbana, que les permitía contratar mercenarios procedentes de toda Europa para incrementar sus levas feudales, así como convertirse en una potencia naval en el mar Báltico. Al producirse en Europa la Reforma Protestante, la Orden se convirtió al Luteranismo por medio de su Gran Maestre Alberto I de Prusia, quien renunció y se convirtió al luteranismo para ser Duque de Prusia.




La vida de la nobleza feudal

La vida de la nobleza feudal no era tan idílica como se la describe con frecuencia en las novelas románticas. Aunque, indudablemente, no le faltaba la agitación, era muy fatigosa y la muerte cobraba su tributo a edad temprana. Tras un estudio cuidadoso de los esqueletos medievales, un científico moderno ha calculado que en los tiempos feudales el porcentaje de mortalidad alcanzaba su nivel más alto a la edad de 42 años. Además las condiciones de vida de la nobleza feudal eran relativamente pobres hasta para los nobles más ricos. Casi hasta fines del siglo XI el castillo feudal no era sino una fortaleza tosca de madera. y los grandes castillos de piedra posteriores estaban lejos de ser modelos de comodidad; las habitaciones eran oscuras y húmedas y las paredes de piedra sin revestimiento resultaban frias y tristes.

Hasta que se reanudó el comercio con Oriente, cuya consecuencia fue la importación de tapices y alfombras, los pisos estaban generalmente cubiertos con juncos o paja, que se renovaban cuando los anteriores eran ya insoportables a causa de la inmundicia dejada por los perros de caza. La comida del noble y la familia, si bien abundante y sustanciosa, no era muy variada ni apetitosa. Sus componentes principales eran la carne, el queso, el pescado, zanahorias, y las arvejas, siendo las únicas frutas que se podían obtener con abundancia eran las manzanas y las peras. No se conocía el café ni el té, como tampoco las especies hasta que se intensificó el comercio con Oriente. También se importaba azúcar, pero durante mucho tiempo siguió siendo rara y costosa y hasta se vendía como droga.

Aunque los nobles no debían trabajar para ganarse la vida, no pasaban el tiempo en la ociosidad. Los convencionalismos de su sociedad les exigían gran actividad bélica, aventurera y deportiva. No sólo luchaban con pretextos baladíes para apoderarse de los feudos vecinos, sino también por puro amor a la lucha como aventura excitante. Eran tan frecuentes los actos de violencia que la Iglesia tuvo que intervenir con la Paz de Dios en el siglo X y luego con la Tregua de Dios en el siglo XI. Mediante la Paz de Dios la Iglesia pronunciaba anatemas solemnes contra quienes realizaban actos de violencia en los lugares destinados al culto, robaban a los pobres o agraviaban a los sacerdotes. Más tarde se extendió esta protección a los comerciantes.

Hasta muy entrada la Edad Media, los modales de la aristocracia feudal estaban lejos de ser refinados y suaves. La glotonería constituía un vicio común y las cantidades de vino y cerveza que se consumían en los castillos medievales durante las fiestas causarían vértigo a un bebedor moderno. En las comidas cada cual cortaba la carne con su propio cuchillo y comía con los dedos. Los huesos y las sobras eran arrojados al suelo, donde se los disputaban los perros siempre presentes. A las mujeres se las trataban con indiferencia y a veces con desprecio y brutalidad, pues aquel era un mundo masculino. En los siglos XIII y XIV, sin embargo, se suavizaron y mejoraron los modales de las clases aritocráticas gracias a la aparición de la llamada caballería andante. La caballería llegó a ser el código moral y social del feudalismo, la encarnación de sus ideales más altos y la expresión de sus virtudes. Los orígenes de este código eran principalmente germanos y cristianos. El caballero ideal debía ser, no sólo valiente y leal, sino también generoso verídico, respetuoso, bueno con los pobres y desvalidos y desdeñoso de las ventajas injustas y las ganancias sórdidas.