Batalla de Poitiers (1356)

La batalla de Poitiers tuvo lugar el 19 de septiembre de 1356, cerca de la ciudad de Poitiers, Francia. Fue una batalla de la Guerra de los Cien Años y fue librada entre el ejército inglés, bajo el mando de Eduardo, Príncipe de Gales, conocido como el Príncipe Negro, y el ejérctio francés, comandado por el rey Juan II de Francia. La batalla de Poitiers de 1356 fue la segunda gran victoria inglesa en esa larga contienda bélica, siendo la de Crecy la primera, y fue un premio a la gran estratégia defensiva implementada por el Príncipe Negro, así llamado por el color de su armadura, y quien era hijo mayor del rey inglés Eduardo III.

Antecedentes

Luego de las victorias de Sluys y Crecy, los ingleses continuaron realizando rápidas y violentas incursiones, atacando las aldeas y pueblos de la campiña francesa e incendiando sus cosechas para luego replegarse hacia sus bases de operaciones. Esta estrategia inglesa estaba orientada a poner a la población francesa en contra de su propia corona más que a lograr resultados militares directos. Los campesinos, al no sentirse protegidos de estas incursiones armadas inglesas, poco a poco gravitaban hacia los señores feudales locales solicitando ayuda. En agosto de 1356, Eduardo Príncipe de Gales realizó una incursión por la campiña francesa a gran escala; su ejército, junto con tropas amigas provenientes de Gascuña, devastó y quemó numerosas ciudades y campos productivos, dejando al enemigo frente a la penuria de hombres y de alimentos. Para poner fin a estos ataques y enfrentar a Eduardo, el monarca francés logró reunir un ejército de unos 18.000 hombres.

Características de las fuerzas antagónicas

Aunque el ejército francés estaba bien armado, basado en una gran caballería, con caballeros y caballos con armadura, apoyados por gran cantidad de ballesteros, era una fuerza lenta debido al peso de las armaduras, con poca maniobrabilidad. El Príncipe Negro, por el contrario, apostaba todo a la velocidad y movilidad de sus tropas ligeramente armadas y desprovistas de armaduras. El arco largo inglés, si bien no tenía los efectos devastadores de las ballestas francesas, ostentaba una cadencia de fuego cinco o seis veces superior, lo que convertía a sus operadores en fuerzas capaces de entenebrecer el cielo con nubes de flechas que desmoralizaban a los hombres y espantaban a los caballos de las tropas enemigas.

Resumen de la batalla de Poitiers de 1356

Para la batalla, Eduardo tomó una posición defensiva, alinéando a sus tropas de espaldas a un denso bosques para tener la retaguardia bien protegida. Su principal ventaja fue sus diestros arqueros armados con el célebre arco inglés que cubría una gran distancia. La contienda comenzó con una pequeña carga de caballería francesa, al ver ésto, Eduardo ordenó a su caballería simular una huida hacia el flanco izquierdo. Cuando los franceses interpretaron esto como una retirada, Juan envió a toda su caballería en forma masiva.

Entonces los arqueros ingleses, ubicados a la orilla del bosque, lanzaron una densa lluvia de flechas sobre la caballería francesa que cargaba lentamente. Aunque la armadura de los caballeros franceses era invulnerable a las flechas inglesas, las armaduras de los caballos eran ligéras y sobre los lados y atrás estaban desprotegidos. Sabiendo esto, los arqueros ingleses y galeses se movieron hacia los flancos de la caballería enemiga y acribillaron a los animales. Los resultados fueron devastadores. El Delfín Carlos, hijo de Juan, intentó defender a los caballos efectuando un ataque de infantería, enzarzándose en una lucha encarnizada hasta ser obligado a retroceder para reagruparse. La siguiente oleada de infantería bajo el duque de Orleans, viendo que los hombres del Delfín no atacaban de nuevo, volvió la espalda al enemigo y se dio a la fuga.

El rey de Francia decidió tomar el mando él mismo ante los resultados adversos, ordenando que la retaguardia trajera nuevos caballos para proseguir la lucha. Mientras tanto los arqueros ingleses se quedaban sin flechas. El momento definitorio del combate llegó cuando el Príncipe Negro hizo entrar en acción a la reserva móvil que había ocultado en los bosques. Estas tropas fueron capaces de rodear y atacar a los franceses por los flancos y la retaguardia, formando una bolsa. Los franceses, aterrorizados al verse rodeados, intentaron huir, y el rey Juan fue capturado de inmediato por los ingleses. Luego de cuatro años de cautiverio, luego la firma del Tratado de Bretigny en 1360, el rey francés Juan II fue liberado tras el pago de tres millones de coronas de oro.